«Toda comunidad cristiana
nace misionera,
y el amor de los creyentes a su Señor se mide precisamente según su compromiso evangelizador.
Para los fieles,
no se trata simplemente
de colaborar
en la actividad de evangelización,
sino de sentirse ellos mismos protagonistas y corresponsables
de la misión
de la Iglesia»
(Benedicto XVI, Domingo Mundial de las Misiones 2007)

Cristo Vive ¡Aleluia! N° 127
 

La misión es un llamado a la santidad

Volvimos el 15 de enero pasado. Éramos 30 hermanos de distintos centros pastorales del país, regresando con el corazón pleno de la gracia de la Palabra anunciada y vivida en comunidad. Nos encontramos que algunos nos preguntaban: ¿dónde fueron?, ¿desde cuándo van?, ¿qué hacen?… Para ellos y tantos otros, quiero compartirles algo de nuestra experiencia.

Desde el año 1986, como grupo misionero del Movimiento, nos insertamos en las misiones rurales de la diócesis de Rafaela. Durante la primera quincena de enero, la Iglesia rafaelina se aboca a la evangelización en aquellos lugares más alejados. En cada lugar de misión nos comprometemos a una continuidad de 3 años en los cuales, para cada año, la diócesis propone un objetivo: conocimiento del lugar, buscar posibles líderes, formar la comunidad, etc.

Además, llevamos un "lema" que sintetiza el espíritu de la misión y nos mantiene en comunión con los distintos grupos misioneros del Movimiento.

Todos los hermanos del nivel de Profundización en adelante están invitados a acercarse para conocer esta experiencia. Para poder participar es necesario descubrir en uno determinadas aptitudes que ayudan a dar mayor cauce a la gracia:

• Capacidad comunitaria, de compartir, de trabajar en grupo.

• Poder posponer lo propio en pos del bien común.

• Actitud de servicio, de disponibilidad a lo que se necesite más allá de los gustos personales.

• Sencillez en los vínculos, capacidad de encuentro.

• Inquietud por el anuncio de la Palabra.

• Capacidad de tolerar situaciones precarias, calor, falta de sueño, etc.

• Actitud de entrega desterrando la queja.

• Actitud receptiva y de escucha.

• Capacidad de insertarse en la cultura de la zona.

• Búsqueda de permanecer en oración. Escucha al Espíritu.

«El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías. El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión: Cristo, de cuya misión somos continuadores, es el 'testigo' por excelencia (Ap 1,5;3,14) y el modelo del testimonio cristiano. El Espíritu Santo acompaña el camino de la Iglesia y la asocia al testimonio que él da de Cristo (cf Jn 15,26-27)» (RM 42).

La misión no es una actividad, es un estilo de vida: el del Evangelio. Es responder al envío de Jesús: «Vayan y anuncien» (Mc 16). Es adherirnos a la urgencia de Jesús de que los hombres se salven.

Juan Pablo II nos dice: «Se es misionero ante todo por lo que se es, en cuanto Iglesia que vive profundamente la unidad en el amor, antes de serlo por lo que se dice o se hace» (RM 23). Por eso descubrimos a la misión como un dinamismo del Espíritu, hacia adentro, en la comunidad misionera, en la vida de la comunidad, los servicios: cocina, limpieza, compras, etc. En las reuniones: evaluación, discernimiento, compartir la vida, oración. Y hacia afuera, en la tarea específica de evangelización: visitas a las casas, encuentros en la Palabra, Celebraciones de la Palabra, procesiones, encuentros con niños, con jóvenes, visita a los enfermos, etc.

La misión es un llamado a la santidad. De la vida de Dios en cada uno, de la experiencia de saberse y sentirse salvado y amado por Jesús, surge la fe. Este amor en nuestro corazón nos impulsa a no callar lo que tenemos dentro y compartir el mismo sentir de san Pablo: «¡Ay de mí si no evangelizara!» (1 Cor 9,16).

Cecilia Di Fonzo
Nazaret Femenino
Cristo Vive Aleluia!
Nº 127, p. 12 (2001)

© El Movimiento de la Palabra de Dios, una comunidad pastoral y discipular católica. Este documento fue inicialmente publicado por su Editorial de la Palabra de Dios y puede reproducirse a condición de mencionar su procedencia.