«Hago propio
el llamado a ser
un discípulo fiel
y que se anime
a anunciar
la Buena Noticia adonde quiera
que vaya»

Aquí estoy para hacer tu voluntad

Cuando expresé mi disponibilidad para el verano a mis coordinadores, y mi deseo de participar en la misión de verano; estaba preparado para entregar parte de mi tiempo, de mis vacaciones, de mis fuerzas, etc.; para que otros se encuentren con Jesús. Me imaginaba que era una forma de devolverle a Él todo lo que hizo por mí en este tiempo.

Pero como Dios no hace otra cosa más que sorprenderme, me llevó a la misión para otra cosa. Él quería seguir transformando mi vida, quería regalarme más de su amor.

La entrega del tiempo existió, el cambio de mis planes de vacaciones también. El calor era mucho y las distancias a caminar en la arena parecían a veces interminables. La misión fue un espacio de entrega. Eso sí… Una entrega ÍNFIMA a comparación de lo recibido por parte del Señor durante los 15 días.

Las visitas a las casas, el compartir con las familias, la madurez de los niños, la sencillez de los jóvenes, la vitalidad de los mayores de edad, la alegría de los enfermos, la esperanza de los sin trabajo, la solidaridad de los más pobres, y demás contradicciones con la "“normalidad" de mi vida, eran todos signos que ponía Dios ante mis ojos para alimentar mi fe. Cada vez que salía de una casa, mi corazón alababa a Dios por haberme sentido visitado por Él en ese momento. El Señor se valía de cualquier cosa para hacerme saber que es el único motivo de mi caminar. Todo me hacía sentir que la misión debía hacerse mi estilo de vida.

Cada regalo que Jesús me daba, me hacía acrecentar mi vínculo personal con Él. Durante 15 días fui sintiendo que estaba en una permanente presencia del Señor. Yo caminaba por sus huellas, miraba con sus ojos, hablaba con la fuerza del Espíritu Santo, etc. Mi oración personal fue creciendo hasta llegar a un punto de constante oración. Todo era oración, todo era alabanza, todo era reconocer a Dios como actor principal de todo lo que estaba pasando.

Compartí la misión con una comunidad de 10 discípulos. Pero discípulos en serio. De esos que se animan a dejar todo para seguirlo, se animan a preguntarle su voluntad para cada cosa de su vida, se animan a decir como María un SÍ SIEMPRE. El SÍ de esta comunidad, alimenta mi SÍ y me anima a confiar hasta el fin en el querer del Padre.

La experiencia de la vida en comunidad me hizo descubrir algo que hasta ahora nunca había experimentado: la alegría por ser el último, el gozo por desaparecer ante la necesidad del hermano, la necesidad de hacerme chiquito para que Dios crezca y habite en el otro.

Párrafo aparte merece la dulzura con que la Madre me trató en estos días. Me sentí realmente amado por María, que día tras día se hacía presente en mi corazón con signos concretos. En el vínculo con Ella también me siento renovado y veo una puerta que se abre para una vida entera amparada bajo su manto y protegida por su amor y cuidado de madre.

Matías visitando una casa

Hoy puedo decir que mi vida debe ser radicalmente distinta después de esta misión. Y a este querer lo hago oración y decisión. Quiero que Jesús se haga centro de mi vida, reconocerlo como dueño y Señor. Opto por la vida del amor y por la propuesta del Evangelio. Hago propio el llamado a ser un discípulo fiel y que se anime a anunciar la Buena Noticia adonde quiera que vaya. Elijo a Dios primero y después al resto de mis cosas, porque Él me eligió antes a mí. Me adhiero a la búsqueda de la santidad creyéndola realmente posible. Me animo a decirle que SÍ al Señor para que de mi barro y de mi nada Él pueda seguir haciéndose Rey. Que abarque toda mi vida y que nada se escape de su querer. ¡Todo le pertenece!

Confío a María, madre de Jesús y nuestra Madre, mi vida, mis proyectos y mis anhelos, para que con su poder los una a la voluntad del Padre. Bajo su manto me amparo y me quedo para seguir haciéndome NADA ante la infinita grandeza de nuestro DIOS.

Para finalizar el testimonio, hago propias las palabras del Salmo 39: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Que nada me saque de este lugar de gracia y de alianza con el Padre. Amén.

Jesús es la Esperanza que este mundo desconoce

Matías O.
Córdoba

© El Movimiento de la Palabra de Dios, una comunidad pastoral y discipular católica. Este testimonio puede reproducirse a condición de mencionar su procedencia.