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Después de la Ascensión de Jesús, "los apóstoles regresaron del monte de los Olivos a Jerusalén. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse... Todos, íntimamente unidos, estaban consagrados a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de sus hermanos" (Hch 1,12-14). Para la encarnación del Hijo de Dios, María había sido cubierta con la sombra del Espíritu Santo que la convirtió en "la madre de Jesús" (cf. Lc 1,26-38). El anuncio de Gabriel fue un encuentro personal de María con Dios. Ni José, su comprometido, se enteró directamente por ella (cf. Mt 1,18-23). Ahora, cuando Jesús ha realizado la Pascua del Cordero de Dios y ha ascendido a la Gloria del Padre, María va a ser nuevamente cubierta por la sombra del Espíritu Santo. |
Pero en esta ocasión, María no está sola. Está acompañada por la comunidad de Jesús: sus apóstoles y discípulos. El misterio de Pentecostés es un misterio comunitario: el nacimiento de la Iglesia que Jesús contempla y completa desde el cielo. Así, la que había sido hecha la madre de la Palabra de Dios es convertida ahora, en madre del Pueblo de Dios. Madre de la Cabeza y madre del Cuerpo de Jesús (cf. Col 1,18). María de Pentecostés es la madre de la Iglesia y vela por ella desde la intercesión junto a su Hijo muy querido, en la gloria del cielo eterno. |
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