TESTIMONIOS

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Como suele suceder, los santuarios son lugares de encuentro con la Virgen y a través de ella, lugares de conversión y de gracias diversas: curaciones, etc. Recogemos aquí algunas de esas gracias como testimonio del encuentro y el favor de la Virgen del Pilar.

Me tomó de la mano la Señora

Un comerciante de Mallorca y su esposa no tenían hijos. La Virgen escuchó sus súplicas y tuvieron un niño. Cuando había cumplido cinco años sus padres decidieron viajar a Zaragoza para darle gracias a María. Viajaron por mar y en el camino, el niño salió a la cubierta para jugar con unos caracoles pintados. Súbitamente el niño cayó al mar y lo cubrieron las olas. El matrimonio en su angustia pensó como Job: "Dios nos lo dio, Dios nos lo quitó. Tal vez lo hemos perdido por nuestros pecados". Y decidieron seguir el viaje hasta el Santuario. Adormecidos ante la Virgen por el cansancio del viaje, a la mujer le pareció que su hijo perdido estaba con ellos. Se levantó y de rodillas se acercó al Pilar de la Virgen. Allí encontró al niño jugando con los caracoles. Profundamente impresionados y conmovidos le preguntaron: "¿Quién te ha traído aquí?", y el niño contestó: "Cuando caía al mar me tomó de la mano esa Señora que está sobre la columna y me trajo hasta aquí". Estuvieron varios días orando y dando gracias a la Virgen. Hicieron importantes donativos y retornaron con alegría a su casa.

La paralítica de Lumbiaque

En el número 96 de los milagros registrados se recoge el caso de la paralítica de Lumbiaque. Florencia Martín, después de comulgar en la Santa Capilla y en el momento de la bendición final, sintió que sus manos se movían por sí mismas. Una corriente de calor invadió su pierna rígida y comenzó a mover la rodilla y los dedos de los pies. Se puso en pie, recogió sus muletas y se trasladó a la sacristía donde narró el acontecimiento.

Al despertar había recuperado la vista

En el número 100 aparece registrada la recuperación de la vista de un ciego de nombre Cristóbal Fernández. Fue el Jueves Santo del año 1656. El ciego había sido soldado de Felipe IV en las guerras de Cataluña y había perdido la vista. Fueron cuatro días de súplica y de untarse los ojos con el aceite de la Virgen. En un momento determinado, adormecido delante de la imagen de la Virgen, al despertar experimentó que había recuperado la vista. Se abrió una información que corroboró los hechos.

El milagro de Calanda

Es el más famoso de los favores obrados por el Cielo a través de María. Miguel José Pellicer, a consecuencia de un accidente, había perdido su pierna derecha. La pierna le había sido cortada por el cirujano Juan de Estagna y enterrada por el practicante Juan Lorenzo García a fines de 1637. Durante dos años, Miguel se dedicó a pedir limosna y a untarse el muñón de la pierna con aceite de la lámpara de la Virgen. Su condición de mendicante era popularmente conocida. La noche del 29 de marzo de 1640 Miguel tenía 23 años y soñaba que Nuestra Señora del Pilar le decía: "Yo te curaré y te daré tu pierna". Al despertar, con el asombro de sus padres, comprobó que le había sido restituida la pierna perdida dos años antes. Este suceso fue documentado por los médicos y por la Iglesia. La difusión de este milagro contribuyó a que la devoción a María del Pilar se extendiera por todos los países hispanoamericanos.

Un gesto de protección

Durante la guerra civil española, el 3 de agosto de 1936 se arrojaron cuatro bombas sobre la Basílica. Una de ellas cayó delante de la puerta y dos penetraron en el templo, pero ninguna explotó. Esto se tiene como un gesto de protección de María sobre su lugar de encuentro con sus hijos.