LA REVELACIÓN PRIVADA

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Las revelaciones privadas en la Iglesia

En el "Comentario Teológico" al tercer mensaje hecho por el Card. Ratzinger, se habla en primer lugar, del "lugar teológico" de las revelaciones privadas en la Iglesia. De allí, sintetizamos lo siguiente:

La doctrina de la Iglesia distingue entre la "revelación pública" y las "revelaciones privadas". Entre estas dos realidades hay una diferencia, no sólo de grado, sino de esencia. Los términos "revelación pública" designan la acción reveladora de Dios destinada a toda la humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento.

En Cristo Dios ha hecho todo, es decir, se ha manifestado a sí mismo y, por lo tanto, la revelación ha concluido con la realización del misterio de Cristo que ha encontrado su expresión en el Nuevo Testamento.

El Catecismo de la Iglesia Católica dice a este respecto: "Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos" (nº 66). "A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas 'privadas', algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia... Su función no es la de... 'completar' la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia" (nº 67).

El teólogo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de esta materia, afirma sintéticamente que la aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos:

  • el mensaje en cuestión no tiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres;
  • es lícito hacerlo público;
  • y los fieles están autorizados a darle en forma prudente su adhesión.

Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por eso no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma.

Podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús.

En las revelaciones privadas reconocidas por la Iglesia —y por tanto también en Fátima— se trata de esto: ayudarnos a comprender los signos de los tiempos y a encontrar la justa respuesta desde la fe ante ellos.

(Card. Joseph Ratzinger)