MARÍA Y EL MUNDO

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Mensajes a las naciones

Fátima es una manifestación de María dentro de una secuencia de apariciones marianas, desde el siglo pasado hasta el presente: La Salette (1846), Lourdes (1858), Fátima (1917), Mediugorie (1981), etc.

Por el contexto de las dos primeras partes del mensaje de Fátima, como llamado a la conversión y la oración, se podría creer que es un mensaje simple de piedad popular. Esta piedad suele terminar en la construcción de un santuario y en la devoción de una advocación.

Pero la tercera parte del mensaje de Fátima nos muestra su sentido y valor profético. Fátima es una profecía sobre la historia. Y esto, con el lenguaje de Dios. Fátima nos muestra la atención que Dios le presta a la historia humana y a la vida de la Iglesia. Fátima está suponiendo una conexión de esta revelación privada con otras anteriores y con lo que la revelación bíblica dice de la fe de las naciones.

El mensaje profético de La Salette afirmaba: "Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios han desdeñado la oración y la penitencia y el diablo les ha ofuscado la inteligencia... Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo designio: abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al esoterismo y toda clase de vicios" (nº 5 y 17).

"El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir porque durante un tiempo la Iglesia será víctima de grandes persecuciones. Ese será el tiempo de las tinieblas; la Iglesia pasará por una horrorosa crisis. El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio" (nº 13 y 15).

Desde la perspectiva bíblica, la historia vive un momento que claramente puede ser caracterizado como la vuelta de las naciones al paganismo del que fueron sacadas por la predicación evangélica de la Iglesia.

Esa ha sido la línea cultural y de civilización de este siglo. Las naciones han globalizado un proyecto materialista de la vida, centrado en la absolutización económica del mercado y los grandes capitales internacionales. Se vive en el desconocimiento, la negación y la indiferencia de Dios, de la Tierra como su Creación y de Cristo como el Salvador del pecado del mundo.

Y Fátima, desde su "tercer secreto" anticipa los caminos de la paganización de la historia en este siglo. Aparece en el contexto de la primera guerra mundial, en vísperas de la revolución bolchevique y vaticinando tanto la segunda guerra mundial como el desarrollo histórico de la quimera marxista.

La tercera parte del secreto —decía Lucía en 1982— se refiere a las palabras de Nuestra Señora: "Si no, Rusia diseminará sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre sufrirá mucho, varias naciones serán destruidas" (13 de julio de 1917).

"El camino de la Iglesia se describe así, como un viacrucis, como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. Se puede ver representada en esta imagen, la historia de todo un siglo", decía el Card. Ratzinger.

María es la portadora de la voz de Dios que enjuicia la historia humana. Si los hombres no conciertan su civilización con el Proyecto de Dios, caminan hacia el sufrimiento y el fracaso. Y eso es el Infierno.

Dios ha hecho un llamado de fe a todas las naciones. La Iglesia, más allá de sus límites humanos, es la presencia de Cristo en la historia de los pueblos y en este siglo XX. El Cielo no prescinde de la historia humana; ni se queda callado. Dios como Creador y Padre universal, sigue clamando la fidelidad al llamado del Evangelio, y no la vuelta a formas paganas de vida.

También, el proyecto liberal del hombre, de su economía y de la forma de su progreso son una quimera que camina al fracaso final. Si el maligno inspira la mala utilización de la ciencia y la técnica en el progreso, el hombre puede destruirse a sí mismo y a la Tierra que Dios le ofreció como su casa. Pero Dios no es pasivo ni indiferente. Es un Padre que advierte, corrige y busca salvar. Y María es, a la vez y en muchos casos, su portavoz y su gesto de dulzura y misericordia.

P. R.