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"El tiempo estaba maduro para revelar el tercer secreto" afirmó el Papa el pasado 13 de mayo en Fátima en el día de la beatificación de los dos pastorcillos, Jacinta y Francisco. El tiempo estaba maduro: estamos en el Jubileo y nos asomamos, como desde una ventana, al tercer milenio que se abre ante nosotros; pero es también la postura ideal para mover la mirada sobre el siglo que acaba de transcurrir. Voluntariamente nos lleva de nuevo al corazón del mensaje de Fátima y nos dedica la santidad de los dos pastorcillos y el tercer secreto. ¿Por qué?, nos lo preguntamos. Porque Fátima es el signo de los tiempos, la clave de lectura para comprender el siglo XX. Porque Fátima es la espiritualidad adaptada a estos tiempos. Porque Fátima es la vía espiritual que nos lleva al tercer milenio. |
Vamos a intentar clarificar esta vía espiritual trazada por la Virgen, asomándonos desde esta ventana sobre la historia y sus recodos; sobre el presente, y sobre el campo abierto del 2000 que seremos nosotros los que lo cultivemos, si sabemos escuchar y seguir a la Madre del Salvador. Preguntarse cuál es el núcleo de esta vía espiritual equivale a preguntarse qué es lo que vivieron los pastorcillos que hoy la Iglesia nos presenta como beatos. Pues bien, los fundamentos de la espiritualidad indicada por N.S. de Fátima son sustancialmente tres: el Rosario, ofrecerse por el mundo, y el Corazón Inmaculado. Son cosas sencillas, pero en el fondo, en la beatificación de los pastorcillos, descubrimos la indicación que esta nueva vía es para los pequeños. Dos certezas, pues: el tercer milenio será de María y de los pequeños, en sentido evangélico, naturalmente. |
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