ANUNCIO

Siguiente

El Tesoro de María

"Dios Padre creó un depósito de todas las aguas y lo llamó mar. Creó un depósito de todas las gracias y lo llamó María. El Dios omnipotente posee un tesoro o almacén riquísimo en el que ha encerrado lo más hermoso, refulgente, raro y precioso que tiene, incluso su propio Hijo. Este inmenso tesoro es María, a quien los santos llaman el tesoro del Señor, de cuya plenitud se enriquecen los hombres.

"Dios Hijo comunicó a su Madre cuanto adquirió mediante su vida y muerte, sus méritos infinitos y virtudes admirables, y la constituyó tesorera de todo cuanto el Padre le dio en herencia. Por medio de Ella aplica sus méritos a sus miembros, les comunica sus virtudes y les distribuye sus gracias. María constituye su canal misterioso, su acueducto, por el cual hace pasar suave y abundantemente su misericordia.

"Dios Espíritu Santo comunicó a su fiel Esposa, María, sus dones inefables y la eligió por dispensadora de cuanto posee. De manera que Ella distribuye a quien quiere, como quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias. Y no se concede a los hombres ningún don celestial que no pase por sus manos virginales. Porque tal es la voluntad de Dios que quiere que todo lo tengamos por María. Y porque así será enriquecida, ensalzada y honrada por el Altísimo la que durante su vida se empobreció, humilló, y ocultó hasta el fondo de la nada por su humildad. Estos son los sentimientos de la Iglesia y de los Santos Padres.

"Nótese, además, que nuestras buenas obras, al pasar por las manos de María, reciben un aumento de pureza y, por lo mismo, de mérito y valor satisfactorio e impetratorio. Con lo cual se hacen mucho más capaces de aliviar a las almas del Purgatorio y convertir a los pecadores, que si no pasaran por las manos virginales y liberales de María.

"Por lo mismo, cuanto más te granjees la benevolencia de esta augusta Princesa y Virgen fiel, tanto más reciamente se cimentará toda tu vida en la fe verdadera:

• una fe pura, que hará que no te preocupes por lo sensible y extraordinario;
• una fe viva y animada por la caridad, que te hará obrar siempre por el amor más puro;
• una fe viva e inconmovible como una roca, que te ayudará a permanecer siempre firme y constante en medio de las tempestades y tormentas;
• una fe penetrante y eficaz, que —como misteriosa llave maestra— te permitirá entrar en todos los misterios de Jesucristo, las postrimerías del hombre y el corazón mismo de Dios;
• una fe intrépida, que te llevará a emprender y llevar a cabo —sin titubear— grandes empresas por Dios y por la salvación de las almas;
• finalmente, una fe que será tu antorcha encendida, tu vida divina, tu tesoro escondido de la divina sabiduría y tu arma omnipotente, de la cual te servirás para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, para inflamar a los tibios y necesitados del oro encendido de la caridad, para resucitar a los muertos por el pecado, para conmover y convertir —con tus palabras suaves y poderosas— los corazones duros y, finalmente, para resistir al demonio y a todos los enemigos de la salvación".

(San Luis María de Montfort,
Tratado de la Verdadera Devoción 23-25, 172, 214).