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"Le dijeron entonces a Jesús: 'Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte'. Pero Él les respondió: 'Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican' " (Lc 8,20-21). Estas palabras de Jesús son interpretadas, muchas veces, como un tono despreciativo hacia su madre. Ese sentido suelen darle los grupos de tradición protestante. Y nada más lejos de la verdad. Estas palabras del Señor llevan un doble sentido. El primero y más evidente es una enseñanza para la gente que lo rodea y le habla. Y consiguientemente también para nosotros. Jesús ha venido a establecer una familia que no viene de la carne ni de la sangre (cf. Jn 1,12-13). Es la Familia de Dios nacida de lo alto (cf. Jn 3,3-6). |
Esta Familia que es la Iglesia, tiene por Padre a Dios y está fundada sobre su Palabra hecha vida en el cristiano. El segundo sentido está incluido en el primero y constituye un elogio de María por parte de su Hijo. Jesús declara que María es madre suya, no tanto por haberle dado su carne humana, cuanto por haberle dicho sí a la Palabra de Dios. Por eso María engendró a Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo. Todo el que escucha la Palabra de Dios y pone en ella su vida, puede ser hijo de Dios y hermano de Jesús. En la Familia de Dios, donde María tiene una función maternal, "todos somos miembros los unos de los otros" (Ef 4,25b) y constituimos "el Cuerpo de Cristo que crece y se edifica en el amor" (Ef 4,16b). P. R. |
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