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"Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?" (Lc 12,56). Los mensajes de María nos mueven a discernir los signos de los tiempos. Es más, las actuales manifestaciones marianas son un signo de estos tiempos. El Espíritu ha renovado a la Iglesia, especialmente en esta segunda mitad del siglo XX y ha derramado, también como signo de la originalidad de la Iglesia, los carismas pentecostales de la Iglesia apostólica. Éste es un tiempo de renovación radical de la Iglesia. De un volver a anunciar el Evangelio y darle un rostro más comunitario y discipular al Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo. Por eso también el Espíritu ha suscitado un nuevo tiempo mariano en la Iglesia. Frente a tantas manifestaciones marianas, ¿qué mensaje nos dejan globalmente consideradas? Podemos señalar tres aspectos: 1. El llamado a una vida de conversión y de piedad. María junto con Juan Pablo II, peregrino de las naciones, es la mayor convocatoria de evangelización en la actualidad de la Iglesia. Las inmensas muchedumbres que se mueven hacia los lugares de sus apariciones con nuevos frutos de conversiones y amor al prójimo, las peregrinaciones y santuarios, el rezo del rosario y la consagración a su Inmaculado Corazón, la oración y el ayuno, el fruto de numerosas vocaciones, etc., en general son un signo de autenticidad. 2. Los mensajes de María en forma simple y de múltiples facetas orientan hacia la fe en Dios y al Corazón de su Hijo Jesús. Los mensajes no son un elemento de segunda categoría por tratarse de revelaciones privadas. Por ellos María trabaja el corazón y la piedad de sus hijos. Por ellos le habla a la humanidad toda. |
Si María habla es porque tiene que comunicar cosas importantes a la Iglesia y al Mundo. Por eso hay que escucharla con un corazón sencillo, humilde y creyente. "Ustedes se preguntan: ¿Por qué todas estas oraciones? Miren a su alrededor, queridos hijos, y verán cómo el pecado ha dominado la Tierra. Oren para que Jesús conquiste al mundo" (13-9-84). 3. María y la historia. La presencia de María en este tiempo histórico no es ocasional; María no viene de paseo, no hace turismo. María viene como mensajera de Dios y de su Hijo. "Propaguen el mensaje que mi Madre les ha entregado para todos" (Cuenca, Nº 31). Por eso la presencia de María y sus mensajes tienen vinculación con la historia y con los sucesos más importantes y a veces, dramáticos, del accionar de los pueblos y naciones. Así, por ejemplo, en Fátima, María aparece en paralelo con la primera guerra mundial. Por boca de niños, vaticina la revolución bolchevique y la difusión de los errores del comunismo como mal religioso y social. Anticipa que si los pueblos no regresan a Dios, se desatará una segunda guerra mundial. Y nos deja la incógnita de un "tercer secreto". La "Reina de la Paz" aparece en Yugoslavia, destinada a ser escenario de una feroz guerra étnica entre pueblos sometidos por la fuerza al marxismo del mariscal Tito. Es aún temprano para saber qué otras revelaciones nos deparan "los diez secretos" de Mediugorie. "Les daré mensajes concretos para nuestros tiempos" (6-8-82). Con esto, María nos invita no sólo a discernir los signos de los tiempos, sino especialmente los signos bíblicos de los tiempos. P. R. |
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