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Pablo es su nombre de ciudadano romano. Como judío (Flp 3,5) se llama Saulo y nace en Tarso, Cilicia (Hch 22,3), hacia el año 3. Desde joven siente la necesidad de dedicarse a Dios y por eso a los 15 años va a Jerusalén y se dedica al estudio de la Ley con los mejores maestros fariseos de su tiempo (Hch 23,6; Gál 1,13) como Gamaliel. Es un joven cumplidor y responsable, al que los judíos le encargan la difícil tarea de eliminar de sus comunidades una doctrina nueva y sospechosa, la de los cristianos. Pablo dirige la represión contra los seguidores de Cristo y lo hace duramente, para bien de su religión. La conversión de Pablo sucederá en Damasco (Hch 9,1-2; 22,5 y 26,12) hacia el año 36. Allí el Señor lo llama perseguidor, cuando Él sencillamente tiene la ambición de servir a Dios. Hasta ese momento Pablo se siente bueno y da gracias a Dios por haberlo hecho un creyente responsable, cumplidor y militante. Ahora, a la luz de Cristo, descubre que sus méritos y servicios no son de los que valen para Dios; su fe es, antes que nada, fanatismo humano, su seguridad de creyente, orgullo disimulado. Pablo se ve pecador, violento y rebelde, pero al mismo tiempo entiende que Dios lo ha acogido, elegido y perdonado. En adelante Pablo va a ser para Cristo el instrumento elegido para extender la Iglesia en los demás países. Sería el Apóstol de las naciones. Y es verdad que combatió, que hizo muchas carreras y que guardó la fe. Su competición, desde Damasco a la meta (le gusta presentar la vida cristiana con imágenes deportivas) no es en vano, y merece el podio. Siempre marcha rápido, aguijoneado con el espíritu de triunfo. En otro tiempo, se contenta con guardar los mantos de los que lapidan a Esteban. Después se levanta como campeón de la libertad cristiana en el concilio de Jerusalén. Y ve necesario organizar las iglesias en Asia, con Bernabé; ciega con su palabra al mago Elimas y abre caminos en un mundo desconocido. Pablo normalmente es pintado como un hombre calvo con barba negra, pero vigoroso e intenso. Suelen acompañarlo dos o tres compañeros, aunque a veces va solo. Entra en el Imperio de los ídolos: países bárbaros, gentes extrañas, ciudades paganas, caminos controlados por cuadrillas de bandidos, colonias de fanáticos hebreos fáciles al rencor y tardos para el perdón: Antioquía, Pisidia, Licaonia, Galacia. Y siempre anunciando que Jesús es el hijo de Dios, Señor, Redentor y Juez de vivos y muertos que veinte años antes había ido de un lado para otro por Palestina, como un vagabundo, y que fue rechazado y colgado en la cruz por blasfemo y sedicioso. Su primer viaje misionero es hacia el año 47. Funda muchas comunidades cristianas. Escribe directamente 7 Cartas y mediante discípulos suyos otras 7 Cartas, llenas de enseñanza y testimonio de su fe profunda y adulta. Gracias a su trabajo y empeño el Evangelio echa raíces en la cultura griega y romana y puede llegar hasta nosotros. Los judíos se conjuran para asesinarlo. En la sinagoga lo rechazan y los paganos lo oyen en las plazas. Alguno se hace discípulo y muchos se amotinan, lo apedrean y maldicen. Va y viene cuando menos se lo espera; no tiene un plan previo porque es el Espíritu quien lo lleva; de casi todos lados lo echan. |
Filipos es casi la puerta de Europa que le hace guiños para entrar; de allí es Lidia la primera que cree; pero también hay protestas y acusaciones interesadas hasta el punto de levantarse la ciudad y declararlo judío indeseable haciendo que termine en la cárcel, después de recibir los azotes de reglamento. En esta ocasión, hay en el calabozo luces y cadenas rotas. Tesalónica, que es rica y da culto a Afrodita, es buena ciudad para predicar la pobreza y la continencia. Judío errante llega a Atenas, toda ella cultura y sabiduría, donde conocen y dan culto a todos los diosecillos imaginables, pero ignoran allí al Dios verdadero que es capaz de resucitar a los muertos como sucedió con Jesús. Corinto le ofrece un tiempo más largo. Hace tiendas y pasa los sábados en las sinagogas donde se reúnen sus paisanos. Allí, como maestro, discute y predica. El tiempo libre ¡qué ilusión! tiene que emplearlo en atender las urgencias, porque llegan los problemas, las herejías, en algunas partes no entendieron bien lo que dijo y hay confusión, se producen escándalos y algunos tienen miedo a la parusía cercana. Para estas cuestiones es preciso escribir cartas que deben llegar pronto, con doctrina nítida, clara y certera; Pablo las escribe y manda llenas de exhortaciones, dando ánimos y sugiriendo consejos prácticos. En Éfeso trabaja y predica. Los magos envidian su poder y los orfebres venden menos desde que está Pablo; el negocio montado con las imágenes de la diosa Artemis se está acabando. Las menores ganancias provocan el tumulto. Piensa en Roma y en los confines del Imperio; el mismo Finisterre, tan lejano, será una tierra bárbara a visitar para dejar sus surcos bien sembrados. Sólo el límite del mundo pone límite a la Verdad. Quiere despedirse de Jerusalén y en Mileto empieza a decir «adiós». El Pentecostés del 59 le brinda en Jerusalén la calumnia de haber profanado el Templo con sacrilegio. Allí mismo quieren matarlo; interviene el tribuno, hay discurso y apelación al César. Es encarcelado. El camino es lento, con cadenas y soldados, en el mar naufraga, se producen vicisitudes sin cuento y se hace todo muy despacio. La cautividad sufrida y enamorada lo lleva a escribir cartas donde expresa el misterio de la unión indivisible y fiel de Cristo con su Iglesia. Después de dos años en cadenas (en la cárcel Mamertina que puede visitarse en Roma), al viajero que es místico, maestro, obrero práctico, insobornable, valiente, testarudo, profundo, piadoso, exigente y magnánimo, el tribunal de Nerón lo pone en libertad en la primavera del año 64. Poco después, el hebreo ciudadano romano tiende su cuello a la espada cerca del Tíber. Por ser romano, no fue crucificado sino degollado. Muere mártir dando su vida por Cristo y por su Reino en Roma hacia el año 67. Según una antigua tradición su martirio fue cerca de la Via Hostia, donde hoy está la abadía de Tre Fontana (llamada así por tres fuentes que según la tradición surgieron cuando su cabeza, separada ya del cuerpo, rebotó tres veces). Cerca del lugar de su martirio se levantó una preciosa basílica mayor: San Pablo extramuros. |
Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría
con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo,
haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel
a las enseñanzas de estos apóstoles,
de quienes recibió el primer anuncio de la fe.
Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
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