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Muere en la Segunda Guerra Mundial. Ha sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz. Un día se fuga un preso. La ley de los nazis es que por cada preso que se fuga del campo de concentración, tienen que morir diez de sus compañeros. Hacen el sorteo: 1-2-3-4...9...10 y al que le va correspondiendo el número es puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse el 10, el hombre a quien le corresponde ese número da un grito y exclama: "Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?". En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: "Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre". El oficial le responde: ¿Y por qué? #&8212; Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero y solo, y nadie me necesita. El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado. |
Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941. Maximiliano gasta su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Sma. Virgen. En 1927 funda en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización, que tiene mucho éxito y una admirable expansión. Luego funda en Japón otra institución semejante, con éxito admirable. Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declara beato, a esa gran fiesta asiste el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declara santo ante una multitud inmensa de polacos. Quiera Dios que también nosotros seamos capaces de sacrificarnos como Cristo y Maximiliano, por el bien de los demás. |
Dios de poder y misericordia,
que diste tu fuerza al mártir san Maximiliano Kolbe
para que pudiera resistir el dolor de su martirio,
concédenos que quienes celebramos hoy el día de su victoria,
con tu protección, vivamos libres
de las asechanzas del enemigo.
Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
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