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Mateo (significa "regalo de Yahvé"), también llamado Leví, es un galileo culto, hijo de Alfeo, de formación helenista (Mc 2,14; Lc 5,27). En tiempos del NT, se cobran en Palestina muchos tipos de impuestos, judíos y romanos. Por eso, también hay distintas clases de cobradores (Mt 5,46). Mateo trabaja como recaudador de impuestos (publicano) en Cafarnaún, en el lago de Galilea; una profesión muy odiosa a los judíos, porque esos impuestos se recaudan para la potencia extranjera dominante. Los publicanos son judíos mal vistos por el pueblo, que los considera ladrones, pecadores, traidores a la patria. Tienen prohibido participar en las actividades religiosas, al igual que en todos los eventos sociales y comerciales. Pues además de los impuestos, el pueblo tiene que pagar sumas muchas veces arbitrarias para el sustento de esos recaudadores. Así los publicanos se enriquecían fácilmente. El trabajo de Mateo se relaciona particularmente con los productos que vienen por el Genesaret o Tiberíades, y cobra un peaje que los pasajeros pagan al venir por agua. Es una profesión peligrosa, y una ocasión de avaricia, opresión, y extorsión. Como ejerce su oficio en Cafarnaún, donde Jesús pasa muchos días y obra milagros maravillosos, seguramente Mateo lo había escuchado varias veces y le impresiona el modo de ser y de hablar de este Maestro formidable. Un día Jesús pasa delante de su mesa al lado del lago y le hace una propuesta totalmente inesperada: "Ven y sígueme". Mateo deja todo y lo sigue; acepta así nomás la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se va con Él, no ya a ganar dinero, sino hermanos en la vida nueva. No ya a conseguir altos empleos en la Tierra, sino un puesto de primera clase en el Cielo. San Jerónimo dice que la llamada de Jesús a Mateo sirve de lección para que todos los pecadores del mundo sepamos que, sea cual fuere la vida que hayamos llevado hasta el momento, en cualquier día y en cualquier hora podemos dedicarnos a servir a Cristo, y Él nos acepta con gusto. Mateo planea despedirse de su vida de empleado público dando un gran almuerzo a todos sus amigos, y el invitado de honor es nada menos que Jesús. Y con Él, sus apóstoles. Y como allí se reúne la flor y nata de los pecadores y publicanos, los fariseos se escandalizan horriblemente y llaman a varios de los apóstoles para protestarles por semejante actuación de su jefe. "¿Cómo es que su maestro se atreve a comer con publicanos y pecadores?". Jesús responde a estas protestas de los fariseos con una noticia que a todos nos debe llenar de alegría: "No necesitan médico los que están sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a buscar santos sino pecadores, y a salvar lo que estaba perdido". |
Desde entonces Mateo va siempre al lado de Jesús. Presencia sus milagros, oye sus sabios sermones y colabora predicando y catequizando por los pueblos y organizando a las multitudes ansiosas de oír al gran profeta de Nazaret. En Pentecostés recibe el Espíritu Santo junto a los demás hermanos. Más tarde los jefes judíos le dan 39 azotes por anunciar que Jesús ha resucitado (lo mismo hacen con los otros apóstoles). Entre los años 40 y 50, estando aún en Jerusalén, escribe en arameo o siríaco su evangelio, reuniendo en función apologética las pruebas de la mesianidad de Jesús de Nazareth y los argumentos que sirven de base a las nuevas posturas adoptadas por los cristianos de origen judío en el culto y en la observancia de la Ley. El objetivo del evangelio de Mateo es probar que Jesucristo es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Lo escribe especialmente para los judíos de Palestina que se convierten al cristianismo, y por eso lo redacta en arameo (se cree que el Apóstol Bartolomé se llevó una copia consigo a la India, y la dejó allí). Más tarde el texto palestino fue traducido al griego, y es el que conservamos. La comunidad cristiana ve en Jesús de Nazaret al Mesías esperado y, por eso, lo llama el Cristo. Mateo presenta a Jesús como el Emmanuel o "Dios con nosotros" (Mt 1,23). Es el Mesías que cumple todas las promesas hechas en el AT; en hebreo Mesías significa Ungido. El simbolismo de la unción es muy rico: así como el aceite fortifica, sana, impermeabiliza, nada podrá debilitar o corromper a este Ungido; su vida será agradable al Señor, como el perfume del aceite. Es el Maestro que viene a realizar la justicia (Mt 3,15). Cuando estalla la terrible persecución contra los cristianos en Jerusalén, Mateo se va al extranjero a evangelizar. Parte hacia Etiopía (África), donde convierte al cristianismo al rey Egipo, a la reina y a gran parte de los habitantes. Años después, Hirtaco, que arrebata el trono a su hermano Egipo, manda matar a Mateo por defender el voto de virginidad de la princesa Ifigenia, hija de Egipo. Su cuerpo se venera en la catedral de Salerno (Italia); el Papa Gregorio VII, en una carta al Obispo de Salerno en 1080, testifica que fueron guardados en una iglesia que tenía el nombre de la ciudad. |
Dios nuestro, que en tu inefable misericordia,
elegiste a san Mateo, para transformarlo
de recaudador de impuestos en un apóstol,
haz que también nosotros,
imitando su ejemplo y apoyados por su intercesión,
te sigamos con fidelidad en las circunstancias de nuestra vida.
Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
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