San Martín de Tours, obispo (316-397)

San Martín es un gran santo muy querido por los franceses, y muy popular en todo el mundo. Nace en Hungría, pero sus padres se van a vivir a Pavia, Italia, donde recibe toda su educación. Es hijo de un veterano del ejército y a los 15 años ya viste el uniforme militar sirviendo a caballo en la guardia imperial romana. La fe en Jesucristo había avanzado por las vías romanas desde los tiempos de san Ireneo (finales del siglo II), pero apenas si había alcanzado más que a las ciudades. Martín se une a la escuela de san Hilario (año 339) y más tarde funda cerca de Poitiers la primera comunidad consagrada orante y misionera de Occidente. Martín había de ser el apóstol de la campiña galo-romana.

Es recordado por un hecho que le sucede siendo un joven militar en Amiens (Francia), antes de recibir el bautismo. Un día de invierno muy frío se encuentra por el camino con un pobre hombre que está tiritando de frío y a medio vestir. Martín, como no lleva nada más para regalarle, saca la espada y divide en dos partes su capa o manto, y le da la mitad al pobre. Esa noche ve en sueños que Jesús se le presenta vestido con el medio manto que le había regalado al pobre, y oye que le dice: "Martín, hoy me cubriste con tu manto". Sulpicio Severo, su discípulo y biógrafo, cuenta que tan pronto Martín tiene esta visión se hace bautizar (era catecúmeno, estaba preparándose para el bautismo). Luego se presenta al César Juliano, que está repartiendo incentivos económicos a los militares, y le dice: "Hasta ahora, César, he luchado por ti; permite que ahora luche por Dios. El que tenga intención de continuar siendo soldado que acepte tu donativo; yo soy soldado de Cristo, no me es lícito seguir en el ejército, déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión". El César quiere darle varios premios pero él le dice: "Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales". Ya convertido al cristianismo, no puede quedar indiferente ante la pobreza esencial de los campesinos, a quienes nadie había hablado todavía de Cristo.

Enseguida se va a Poitiers donde es obispo el gran sabio san Hilario, el cual lo recibe como discípulo y se encarga de instruirlo. Como Martín siente un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, Mons. Hilario le cede unas tierras en Ligugé, un sitio solitario, y Martín va con varios amigos y funda el primer monasterio de Francia, en el año 360.

En esa soledad permanece diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Por sus oraciones y bendiciones, los habitantes de los alrededores consiguen muchas curaciones y varios prodigios. Cuando después le preguntan qué profesiones había ejercido responde: "fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma".


San Martín de Tours

Un día en el año 371 es invitado a Tours con el pretexto de que lo necesita un enfermo grave, pero es que el pueblo quiere elegirlo obispo. Apenas llega a la catedral toda la multitud lo aclama como obispo de Tours, y por más que se declara indigno de recibir ese cargo, lo obligan a aceptar. Consagrado obispo de Tours en 372, reúne de nuevo en torno a sí a algunos compañeros deseosos de vivir como hombres de oración, y funda otro monasterio en Marmoutiers, a la entrada de Tours, y pronto ya tiene 80 monjes. El monasterio se convierte en un verdadero centro de evangelización. Y los milagros, la predicación y la piedad del nuevo obispo hacen desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo son diarias. A los primeros que convierte es a su madre y a sus hermanos que eran paganos.

El obispo Martín da el ejemplo personalmente, siempre itinerante anunciando el Evangelio, arrancando los árboles sagrados y destruyendo los ídolos. Un día un antiguo compañero de armas lo critica diciéndole que es un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contesta: "Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales". Recorre todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Es el fundador de las parroquias rurales en Francia.

La gente se admira al ver a Martín siempre de buen humor, alegre y amable. En su trato emplea la más exquisita bondad con todos. En los 27 años que es obispo se gana el cariño de todo su pueblo, y su caridad es inagotable con los necesitados.

Los únicos que no lo quieren son quienes quieren vivir tranquilos con sus vicios, pero el santo no los deja. De uno de ellos, que inventa toda clase de cuentos contra san Martín, porque éste le critica sus malas costumbres, dice el santo cuando le aconsejan que lo haga castigar: "Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a éste que me traiciona?". Con varios empleados públicos tiene fuertes discusiones, porque en ese tiempo se acostumbra torturar a los prisioneros para que declaren sus delitos. Martín se opone totalmente a esto, y aunque por ello se gana la enemistad de altos funcionarios, no permite la tortura.

El influjo de san Martín es decisivo para la evangelización de la zona de Francia que se extiende al sur del Loira: Toulouse, Poitou, Saintonge, Auvernia y Berry, y aún para la de París. El Señor le revela cuándo le iba a llegar la muerte, y comunica la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reúnen junto a su lecho de enfermo y le suplican llorando: "¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?". El santo responde con una frase que se ha hecho famosa: "Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehuso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar". Pero Dios ve que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo lleva a que recibiera en el Cielo el premio por su gran servicio en la Tierra. Muere a los 81 años en Candes, no lejos de Tours, y su culto se extiende por toda la Galia desde el siglo V. Sólo en Francia tiene dedicadas más de 3.500 parroquias. Es el patrono por excelencia de los soldados, y junto a san Francisco de Asís de los tejedores y fabricantes textiles. Le pueden pedir amparo los mendigos. Es el patrono de Francia y Hungría. Es el patrono de la ciudad de Buenos Aires.

El medio manto de san Martín (el que corta con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardarlo como reliquia. Como en latín para decir "media capa" se dice "capilla", la gente decía: "Vamos a orar donde está la capilla". Y de ahí viene el nombre de capilla, que damos a los pequeños oratorios.

Oración

Renueva, Señor, en nosotros las maravillas de tu gracia,
para que, al celebrar hoy la memoria de san Martín, obispo,
que te glorificó, tanto con su vida como con su muerte,
nos sintamos de tal modo fortalecidos,
que ni la vida ni la muerte puedan separarnos de tu amor.
Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.

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