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Karol Wojtyla, elegido Papa el 16 de octubre de 1978, nace en Wadowice, ciudad a 50 kilómetros de Cracovia, el 18 de mayo de 1920, y es bautizado dos días más tarde en la Iglesia parroquial por el P. Francesco Zak. A los 9 años recibe la primera Comunión y a los 18 el sacramento de la Confirmación. Interrumpe los estudios a causa del cierre de la Universidad por parte de las fuerzas de ocupación nazi, y trabaja en una cantera y, después, en la fábrica química Solvay. A partir de 1942, sintiéndose llamado al sacerdocio, estudia en el seminario clandestino de Cracovia. El 1 de noviembre de 1946 recibe la ordenación sacerdotal de manos del cardenal Adam Sapieha. Después es enviado a Roma, donde se licencia y doctora en teología, con una tesis que lleva por título «Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce». Regresa después a Polonia, donde recibe algunas tareas pastorales y enseña las sagradas disciplinas. El 4 de julio de 1958, Pío XII lo nombra obispo auxiliar de Cracovia. Y Pablo VI, en 1964, lo destina a esa misma sede como arzobispo. Como tal interviene en el Concilio Vaticano II. Pablo VI lo crea cardenal el 26 de junio de 1967. En el cónclave es elegido Papa por los cardenales el 16 de octubre de 1978, y toma el nombre de Juan Pablo II. El 22 de octubre comienza solemnemente su ministerio petrino. El pontificado de Juan Pablo II ha sido uno de los más largos de la Iglesia. En este período, bajo diferentes aspectos, ocurren muchos cambios, entre ellos la caída de algunos regímenes, a la que él mismo contribuye. Juan Pablo II ejerce el ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías movido por la «sollicitudo omnium ecclesiarum» y por la caridad abierta a toda la humanidad. Con el objetivo de anunciar el Evangelio realiza muchos viajes a diferentes países. Más que todos sus predecesores se encuentra con el Pueblo de Dios y con los responsables de las naciones, en las celebraciones, en las audiencias generales y en las visitas pastorales. Su amor por los jóvenes lo lleva a comenzar las Jornadas Mundiales de la Juventud, convocando a millones de jóvenes de todo el mundo. Promueve con éxito el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones, convocándolos en ocasiones a encuentros de oración por la paz, especialmente en Asís. Amplía notablemente el Colegio de los cardenales, creando 231 (además de uno «in pectore»). Convoca quince asambleas del Sínodo de los Obispos, siete generales ordinarias y ocho especiales. Erige numerosas diócesis y circunscripciones, en particular en el este de Europa. Reforma los Códigos de Derecho Canónico Occidental y Oriental, crea nuevas instituciones y reordena la Curia Romana. Como «sacerdos magnus» ejerce el ministerio litúrgico en la diócesis de Roma y en todo el orbe, en plena fidelidad al Concilio Vaticano II. Promueve de manera ejemplar la vida y la espiritualidad litúrgica y la oración contemplativa, especialmente la adoración eucarística y la oración del santo Rosario (cf. carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae»). |
Bajo su guía, la Iglesia se acerca al tercer milenio y celebra el Gran Jubileo del año 2000, según las líneas indicadas con la carta apostólica «Tertio millennio adveniente». Se asoma después a la nueva época, recibiendo sus indicaciones en la carta apostólica «Novo millennio ineunte», en la que muestra a los fieles el camino del tiempo futuro. Con el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, promueve la renovación espiritual de la Iglesia. Da un impulso extraordinario a las canonizaciones y beatificaciones para mostrar innumerables ejemplos de santidad de hoy, que sirvan de aliento a los hombres de nuestro tiempo. Proclama doctora de la Iglesia a santa Teresa del Niño Jesús. El magisterio doctrinal de Juan Pablo II es muy rico. Custodio del depósito de la fe, se entrega con sabiduría y valentía a promover la doctrina católica, la teología moral y espiritual, y a enfrentarse durante todo su pontificado a las tendencias contrarias a la genuina tradición de la Iglesia. Entre los documentos principales, se encuentran 14 encíclicas, 15 exhortaciones apostólicas, 11 constituciones apostólicas, 45 cartas apostólicas, además de las catequesis propuestas en las audiencias generales y de las alocuciones pronunciadas en todas partes del mundo. Con su enseñanza, Juan Pablo II confirma e ilumina al Pueblo de Dios sobre la doctrina teológica (sobre todo en las primeras tres grandes encíclicas («Redemptor hominis», «Dives in misericordia», «Dominum et vivificantem»), antropológica y social (encíclicas «Laborem exercens», «Sollicitudo rei socialis», «Centesimus annus»), moral (encíclicas «Veritatis splendor», «Evangelium vitae»), ecuménica (encíclica «Ut unum sint»), misiológica (encíclica «Redemptoris missio»), mariológica (encíclica «Redemptoris Mater»). Promulga el Catecismo de la Iglesia Católica a la luz de la Tradición, autorizadamente interpretada por el Concilio Vaticano II. Publica también algunos volúmenes como doctor privado. Su magisterio culmina en la encíclica «Ecclesia de Eucharistia» y en la carta apostólica «Mane nobiscum Domine», durante el Año de la Eucaristía. Juan Pablo II deja a todos un testimonio admirable de piedad, de vida santa y de paternidad espiritual. |
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Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
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