San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el vidente de Guadalupe (1474-1548)

"¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás acaso en mi regazo?" (María a Juan Diego)

Juan Diego es un indio chichimeca que nace en 1474 en el calpulli de Tlayacac (Cuauhtitlán, México), 20 kilómetros al norte de Tenochtitlán (ciudad de México). Cuando nace recibe el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir "el que habla como águila" o "águila que habla".

Juan Diego pertenece a los macehualli, la clase más numerosa y baja del imperio azteca, sin llegar a ser esclavo. Se dedica a trabajar la tierra y fabricar matas que luego vende. Posee un terreno en el que construye una pequeña vivienda. Se casa pero no tiene hijos.

Atraído por la doctrina de los padres franciscanos, entre 1524 y 1525 se convierte al cristianismo y es bautizado junto a su esposa; recibe el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucía. Son bautizados y casados por el misionero fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o "el pobre".

De acuerdo a la primera investigación formal realizada por la Iglesia sobre los sucesos, las Informaciones Guadalupanas de 1666, antes de su conversión Juan Diego ya es un hombre muy devoto y religioso. Es muy reservado y de carácter místico, le gusta el silencio y las frecuentes penitencias, y suele caminar desde su poblado hasta Tenochtitlán, a 20 km, para recibir la instrucción religiosa.

Su esposa María Lucía se enferma y fallece en 1529. Entonces Juan Diego se va a vivir con su tío Juan Bernardino en Tolpetlac, a sólo 14 kilómetros de la iglesia de Tlatilolco, Tenochtitlán. Camina cada sábado y domingo a la iglesia, partiendo a la mañana muy temprano, antes que amanezca, para llegar a tiempo a la Misa y a las clases de instrucción religiosa. Camina descalzo, como los macehualli, ya que sólo los miembros de las clases superiores usan cactlis (sandalias), confeccionadas con fibras vegetales o de pieles. En esas frías madrugadas usa para protegerse del frío una manta (tilma o ayate), tejida con fibras del maguey, el cactus típico de la región. El algodón sólo es usado por los aztecas más privilegiados.

Durante una de sus caminatas a Tenochtitlán, que suelen durar tres horas a través de montañas y poblados, ocurre la primera aparición de nuestra Señora, en el lugar ahora conocido como "Capilla del Cerrito". Allí la Virgen María se le presentó como «la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios». Le habla en su idioma, el náhuatl, con grandísimo cariño, llamándolo "Juanito, Juan Dieguito", "el más pequeño de mis hijos", "hijito mío".

San Juan Diego Cuauhtlatoatzin

Juan Diego tiene 57 años en el momento de las apariciones, ciertamente una edad avanzada en un lugar y época donde la expectativa de vida masculina apenas sobrepasaba los 40 años. Luego del milagro de Guadalupe, Juan Diego va a vivir a un pequeño cuarto pegado a la capilla que aloja la santa imagen de la «Señora del Cielo», tras dejar todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino. Su preocupación es la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitan el pequeño oratorio. Pasa el resto de su vida dedicado a dar testimonio y a difundir las apariciones entre la gente de su pueblo. Ama sobremanera la Sagrada Eucaristía, y por permiso especial del Obispo recibe la Comunión tres veces por semana, algo completamente inusual en aquellos tiempos.

Juan Diego, un laico fiel a la gracia divina, goza de tan alta estima entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios te haga como Juan Diego». Muere el 30 de mayo de 1548, a los 74 años, circundado de una sólida fama de santidad. Es beatificado en abril de 1990 por Juan Pablo II. En julio de 2002 es canonizado en una ceremonia presidida por el Papa realizada en la Basilica de Guadalupe. Su Santidad alabó en Juan Diego su fe simple enriquecida por la catequesis, y lo definió como un modelo de humildad para todos nosotros.

Oración

Concédenos, Señor todopoderoso, que el ejemplo de san Juan Diego
nos estimule a una vida más perfecta y que cuantos celebramos su fiesta
sepamos también imitar sus ejemplos.
Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.

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