Nace en Bagnoregio, cerca de Viterbo (Italia) en 1218. Pronto destaca por su capacidad intelectual. Estudia filosofía y teología en París. Ya maestro, enseña estas mismas ciencias a sus compañeros franciscanos. Ocupa el cargo de Superior General de su orden ejerciéndolo con sabiduría y prudencia. Al final de su vida es elegido cardenal obispo de Albano. Muere en Lyon en el año 1274. Deja a la posteridad obras filosóficas, teológicas y espirituales.
Cuenta con veintidós años cuando, en 1243, recibe el sayal franciscano tomando el nombre de Buenaventura. Desde su adolescencia lo seduce el ideal del Pobre de Asís, cuyo historiador sería un día. Asimismo, se encontraría también un día al frente de la familia de Francisco (1257-1273) esforzándose por conciliar dentro de ella las exigencias de la vida evangélica con la indispensable organización de una Orden extendida por el mundo.
No tarda Buenaventura en mostrarse como un espíritu de una hondura poco común. Como estudiante, y más tarde como profesor en la Universidad de París, intenta elaborar una síntesis del saber a la luz de Cristo. Su maestro fue san Agustín. Por consiguiente, dentro a un mismo tiempo de la escuela agustiniana y del espíritu de san Francisco, descubre el itinerario de la mente hacia Dios. A aquel que se adentre por esta senda, le aconseja que dé «menos importancia a la lengua que a la alegría interior; que mire menos a las palabras y a los libros que al don de Dios, es decir, al Espíritu Santo».
En 1273, Buenaventura es nombrado cardenal obispo de Albano y, al año siguiente debe intervenir en el Concilio de Lyon, que intentaría reunir a las Iglesias griega y latina. Luego de haber trabajado en favor de esta efímera unión, muere en Lyon (1274). San Buenaventura conoció a dos de los más grandes santos del mundo: San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino.
De joven, Francisco lo cura de una grave enfermedad. Luego, mientras estudia en la Universidad de París, se hace amigo de Tomás de Aquino. Ambos reciben al mismo tiempo su graduación como doctores en teología. Ambos grandes santos comparten y hablan a menudo de su fe. Se hacen amigos espirituales así como compañeros sociales.
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