San Benito, abad, patrono de Europa (480-547)

«Nada absolutamente antepongan a Cristo, el cual nos lleve a todos juntamente a la vida eterna»

Nace en el año 480 en Nursia (Umbría, Italia), y realiza sus primeros estudios en Roma, pero decepcionado por la vida de la ciudad, a los 20 años se retira a las montañas de Sabine, al suroeste de Roma, a un lugar desierto llamado Subiaco (Rimini, Lazio), donde manan abundantes aguas, frescas y transparentes. Allí lleva una vida eremítica permaneciendo durante unos tres años en una cueva (el famoso «Sacro Speco»), dedicándose totalmente a Dios. Mientras el Espíritu guía su alma, cuida de él Román, un monje de un monasterio vecino.

Benito muy pronto adquiere una gran reputación de santidad en los alrededores. Discípulos cada vez más numerosos le ruegan que los acepte bajo su dirección pastoral. Sirviéndose de las ruinas de una ciclópea villa del emperador Nerón, construye y funda varios monasterios en Subiaco, dando vida a una comunidad fraterna fundada en la primacía del amor a Cristo, en donde la oración y el trabajo se alternan armoniosamente en alabanza a Dios.

Más tarde da plena forma a este proyecto y lo pone por escrito en la Regula monachorum, (Regla monástica), su única obra llegada hasta nosotros, que consta de un Prólogo y 73 capítulos; llegaría a ser la más extendida en Occidente. Él la llama "mínima regla de iniciación". Tomemos por ejemplo el capítulo XIX: El modo de salmodiar:


1 Creemos que Dios está presente en todas partes, y que "los ojos del Señor vigilan en todo lugar a buenos y malos" (Prov 15,3),
2 pero debemos creer esto sobre todo y sin la menor vacilación, cuando asistimos a la Obra de Dios.
3 Por tanto, acordémonos siempre de lo que dice el Profeta: "Sirvan al Señor con temor" (Sal 2,11).
4 Y otra vez: "Canten sabiamente" (Sal 46,8).
5 Y "En presencia de los ángeles cantaré para ti" (Sal 137,1).
6 Consideremos, pues, cómo conviene estar en la presencia de la Divinidad y de sus ángeles,
7 y asistamos a la salmodia de tal modo que nuestra mente concuerde con nuestra voz.

Algunas recomendaciones de san Benito:

- La primera virtud que necesita un cristiano (después de la caridad) es la humildad.
- La casa de Dios es para rezar y no para charlar.
- Todo superior debe esforzarse por ser amable como un padre bondadoso.
- El que administra el dinero no debe humillar a nadie.
- Cada uno debe esforzarse por ser exquisito y agradable en su trato.
- Cada comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman.

En el año 529 debe abandonar Subiaco debido a las envidias que despierta entre algunos miembros de la comunidad de Vicovaro. Tomando consigo a unos pocos monjes cambia de morada y funda el célebre monasterio de la cumbre de Monte Cassino (Frosinone, Lazio), al sur de Subiaco, el primero donde aplica la Regla benedictina. Entre sus bases se destacan la independencia de la comunidad y la organización autónoma. El monje debía separarse del mundo acogiendo una vida de trabajo en campos y escritorios.

Lleno del Espíritu de Dios recibe la gracia de leer en lo más profundo del corazón humano. Cura el corazón y el alma de quienes acuden a él. Su gran amor y su fuerza son la Santa Cruz con la que hace muchos milagros. Es un poderoso exorcista. Uno de sus aportes más importantes es la organización de la oración comunitaria, conocida con el nombre de Oficio Divino o Liturgia de las Horas. Muere en el oratorio el 21 de marzo de 547.

El Papa Pablo VI lo proclama patrono de Europa por el extraordinario influjo que tanto su persona como sus monjes ejercieron en el establecimiento de las raíces cristianas en este continente. Entre las cenizas del Imperio Romano, Benito, buscando antes que nada el Reino de Dios, siembra, quizá sin ni siquiera darse cuenta, la semilla de una nueva civilización, que se desarrollaría, integrando los valores cristianos con la herencia clásica, por una parte, y de las culturas germánica y eslava por otra.

Nos dice Benedicto XVI: "es un santo por el que siento un amor particular, como se puede intuir por haber elegido su nombre".

Hay un aspecto típico de su espiritualidad que Benedicto XVI subraya particularmente: Benito no funda una institución monástica orientada principalmente a la evangelización de los pueblos bárbaros, como los demás grandes monjes misioneros de la época, sino que indica a sus seguidores como objetivo fundamental y único de la existencia, la búsqueda de Dios: «Quærere Deum». Sin embargo, sabe que cuando el creyente entra en relación profunda con Dios no puede contentarse con vivir de manera mediocre, con una ética minimalista y una religión superficial.

Desde esta perspectiva, se entiende mejor la expresión que Benito toma de san Cipriano y que, en su «Regla» (IV, 21), sintetiza el programa de vida de los monjes: «Nihil amori Christi præponere», «No anteponer nada al amor a Cristo». En esto consiste la santidad, propuesta válida para cada cristiano, que se ha convertido en una auténtica urgencia pastoral en nuestra época, en la que se experimenta la necesidad de anclar la vida y la historia en sólidas referencias espirituales.

"Que el Señor multiplique también en nuestra época hombres y mujeres que, a través de una fe iluminada, testimoniada en la vida, sean en este nuevo milenio sal de la tierra y luz del mundo" (Benedicto XVI).

Medalla de san Benito

La Cruz–Medalla de san Benito data de una época muy antigua y debe su origen a la gran devoción que el santo profesaba al signo adorable de nuestra Redención y al uso frecuente que de él hacía y que recomendaba a sus discípulos para vencer las tentaciones, ahuyentar al demonio y obrar maravillas.

En un principio y durante muchos años la devoción a esta Cruz–Medalla de san Benito fue meramente local y exclusiva de los monasterios benedictinos. El 12 de marzo de 1742 el Papa Benedicto XIV otorgó indulgencia plenaria al portador del crucifijo con la medalla de san Benito si se confiesa, recibe la Eucaristía, ora por el Santo Padre en las grandes fiestas y durante esa semana reza el santo rosario, visita a los enfermos, ayuda a los pobres, enseña la fe o participa en la misa.

La medalla representa, de un lado, la imagen de la Cruz, y del otro, la del santo Patriarca. El lado de la Cruz suele estar encabezado, o por el monograma del Salvador: IHS, o por el lema de la orden benedictina: PAX. En los cuatros ángulos de la Cruz están grabadas las siguientes iniciales: CSPB, que significan: Cruz Sancti Patris Benedicti, o sea: Cruz del Santo Padre Benito, las cuales son como un anuncio de la medalla y no forman parte del exorcismo.

En las líneas vertical y horizontal y alrededor de la Cruz se leen, en el siguiente orden, estas otras iniciales, cuyas palabras componen la oración ó exorcismo que tanto teme Satanás y que conviene repetir a menudo:


Cruz Sancti Patris Benedicti
CSSML Cruz Sancta Sit Mihi Lux La santa Cruz sea mi luz
NDSMD Non Draco Sit Mihi Dux No sea el dragón mi guía
VRS Vade Retro Satanás Retírate Satanás
NSMV Numquam Suadeas Mihi Vana No me aconsejes vanidades
SMQL Sunt Mala Quæ Libas Son cosas malas las que brindas
IVB Ipse, Venena Bibas Bebe tú esos venenos

Más información:


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