Capítulo V
LA INVITACIÓN DEL SÍNODO 1985
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1. El Sínodo extraordinario de 1985 llamó a celebrar, determinar y promover
el Concilio Vaticano II, y dio ciertas orientaciones referentes a la renovación
de la Iglesia de hoy. Estas orientaciones, que se dirigen a las necesidades
generales de la Iglesia, son también una respuesta a las necesidades y aspiraciones
que algunas personas buscan en las sectas (III.1). Subrayan los desafíos pastorales
y la necesidad del planeamiento pastoral.
2. El informe final del Sínodo observa que la situación del mundo está
cambiando y que los signos de los tiempos deben analizarse continuamente (II,
D7). La Iglesia a menudo es vista simplemente como una institución, quizás
porque da demasiada importancia a las estructuras y no la suficiente a llevar
a la gente a Dios en Cristo.
3. Como solución global a los problemas del mundo, la invitación del
Sínodo es a una comprensión integral del Concilio, a una asimilación interior
del mismo, y a ponerlo en práctica:
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La Iglesia debe entenderse y vivirse como misterio (II, A; cf. III.1.6)
y como comunión (II, B; cf. IV.1; IV.6).
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La Iglesia debe comprometerse a llegar a ser más plenamente signo e
instrumento de comunión y reconciliación entre los hombres (I, A2; cf.
IV.1; III.1.6).
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Todos los cristianos están llamados a la santidad, es decir, a la conversión
del corazón y a la participación en la vida trinitaria de Dios (II, A4; cf.
III.1.1; III.1.5). La comunidad cristiana necesita gente que viva una santidad
realista y de este mundo.
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Puesto que la Iglesia es una comunión, debe incorporar la participación
y la corresponsabilidad en todos los niveles (II, C6; cf. IV.6; III.1.9).
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Los cristianos deben aceptar todos los valores verdaderamente humanos (II, D3)
así como aquellos específicamente religiosos (II, D5) para lograr la
inculturación, que es "la transformación íntima de los valores
culturales auténticos mediante su integración en el cristianismo y en las
distintas culturas humanas" (II, D4; cf. III.7.4; IV.4). "La
Iglesia Católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo en las
religiones no cristianas. De hecho, los católicos deben reconocer, preservar,
y promover todos los buenos valores espirituales y morales, así como
socioculturales, que encuentran en su medio" (II, D5).
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"La Iglesia debe denunciar proféticamente cada forma de pobreza y de
opresión, y por todas partes defender y promover los derechos fundamentales
e inalienables de la persona humana" (II, D6; cf. III.2).
4. El Sínodo da algunas orientaciones prácticas:
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Enfatiza la formación espiritual (II, A5; cf. III.1.7; IV.2),
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Enfatiza el compromiso con la evangelización integral y sistemática,
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Enfatiza la catequesis acompañada por el testimonio que la interpreta (II,
Ba2; cf. III.1.8; III.1.3) precisamente porque la misión salvífica de la
Iglesia es integral (II, D6; cf. IV.3)
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asegurando la participación interior y espiritual en la liturgia (II B6; cf.
III.1.9; IV.5);
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animando el diálogo espiritual y teológico entre los cristianos (II, C7) y el
diálogo que puede abrir y comunicar interioridad;
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fomentar las formas concretas de caminos espirituales tales como la vida
consagrada, los movimientos espirituales, la piedad popular (II, A4; cf. III.1.7),
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y dando mayor importancia a la Palabra de Dios (II, Ba1),
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tomando conciencia de que el Evangelio llega a la gente a través del testimonio
(II, Ba2).
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una copia de trabajo para uso interno de El Movimiento de la Palabra de
Dios, y ha sido depurada dentro de lo posible de errores de tipeo.