Capítulo I
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Es importante reconocer que existen dificultades en los conceptos, las definiciones y la terminología. Los términos secta y culto son algo despectivos y parecen implicar más bien un juicio de valor negativo. Uno preferiría utilizar términos más neutros como nuevos movimientos religiosos, nuevos grupos religiosos. La cuestión de la definición de esos movimientos o grupos como distintos de iglesias o movimientos legítimos dentro de una iglesia es materia discutida.
Ayudará hacer una distinción entre las sectas que tienen su origen en la religión cristiana y las que provienen de otra fuente religiosa o humanitaria. El asunto se vuelve bastante delicado cuando estos grupos tienen un origen cristiano. Sin embargo, es importante hacer esta distinción. De hecho, ciertas mentalidades o actitudes sectarias, por ejemplo, actitudes de intolerancia o de proselitismo agresivo, no constituyen necesariamente una secta ni alcanzan para caracterizarla. Estas actitudes también se encuentran en grupos cristianos dentro de las iglesias y comunidades eclesiales. Sin embargo, estos grupos pueden cambiar positivamente mediante una profundización de su formación cristiana y a través del contacto con otros cristianos. De esta manera pueden crecer en una mentalidad y una actitud cada vez más eclesiales.
El criterio para distinguir entre las sectas de origen cristiano, por una parte, y las Iglesias y comunidades eclesiales, por otra, podría encontrarse en las fuentes de la enseñanza de estos grupos. Por ejemplo, las sectas podrían ser aquellos grupos que, además de la Biblia, tienen otros libros "revelados" o "mensajes proféticos"; o grupos que excluyen de la Biblia ciertos libros protocanónicos, o que cambian radicalmente su contenido. Una de las respuestas a la primera pregunta del Cuestionario expresa:
Por razones prácticas, un culto o una secta se define a veces como "cualquier grupo religioso con una concepción del mundo propia y específica, derivada pero no idéntica a las enseñanzas de una religión importante del mundo". Aunque nos referimos aquí a determinados grupos que plantean generalmente una amenaza a la libertad de la gente y de la sociedad en general, los cultos y sectas también han sido caracterizados por un determinado número de características distintivas, que generalmente consisten en que:
Un trabajo de base sobre estos rasgos característicos ha sido publicado por el norteamericano Dave Breese: "Know the Marks of Cults" (Victor Books, Wheaton, IL, 1985).
Sean cuales fueren las dificultades para distinguir entre sectas de origen cristiano e iglesias, comunidades eclesiales o movimientos cristianos, las respuestas al Cuestionario a veces revelan una seria carencia en el conocimiento y la comprensión de otras Iglesias y comunidades eclesiales cristianas. Algunas respuestas incluyen dentro de las "sectas" a Iglesias y comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia Católica Romana. Incluso los adherentes a las religiones importantes del mundo (hinduismo, budismo, etc.) pueden encontrarse mal clasificados como integrantes de una secta.
2. Sin embargo, y aparte de las dificultades mencionadas, casi todas las iglesias locales advierten el brote y la rápida proliferación de todo tipo de "nuevos" movimientos, grupos y prácticas religiosos o pseudo-religiosos. Casi todas las respuestas consideran este fenómeno como un problema serio, y para algunos una cuestión alarmante; Sólo en muy pocos países parece no existir problema alguno (por ejemplo, en los países mayoritariamente islámicos).
En algunos casos el fenómeno aparece dentro de las mismas principales Iglesias (en forma de actitudes sectarias). En otros casos ocurre fuera de éstas (como iglesias libres o independientes, movimientos mesiánicos o proféticos); o contra las Iglesias. Sin embargo, no todos son religiosos en su verdadero contenido o su propósito último.
3. El fenómeno se desarrolla rápidamente y a menudo con mucho éxito, y plantea problemas pastorales. El más inmediato es el de saber cóm ocuparse de un miembro de una familia católica que ha estado implicado en una secta. El párroco, el agente pastoral, o el consejero, generalmente se ponen en contacto primero con los parientes o amigos de dicha persona, ya que muchas veces la persona implicada sólo puede ser contactada indirectamente. En aquellos casos en que es posible contactar directamente a la persona, se necesita tener experiencia y habilidad psicológica para poder guiarla, o para aconsejar a un ex miembro sobre cómo reintegrarse en la sociedad y en la Iglesia.
4. Los más afectados parecen ser los grupos más vulnerables en la Iglesia, especialmente la juventud. Cuando andan "sueltos", desocupados, sin tomar parte activa en la vida parroquial o en el voluntariado de la parroquia, o provienen de una entorno familiar inestable, o pertenecen a grupos étnicos minoritarios, o viven en lugares fuera del alcance de la Iglesia, etc., son un objetivo más probable para los nuevos movimientos y sectas. Otras sectas parecen atraer principalmente a gente de edad intermedia. Otras prosperan a partir de familias acomodadas y altamente educadas. En este contexto, se deben mencionar los campus universitarios, que generalmente son para las sectas terreno favorable de adoctrinamiento o lugares de reclutamiento. Por otra parte, las relaciones difíciles con el clero o una situación matrimonial irregular pueden llevar a una ruptura con la Iglesia y a unirse a un nuevo grupo.
Parece que muy pocas personas se unen a una secta por malas razones. Quizá la oportunidad más grande de las sectas es atraer a gente buena y con buenas motivaciones. De hecho, obtienen el mayor éxito cuando la sociedad o la Iglesia han fallado en apelar a esta buena motivación.
5. Las razones del éxito de las sectas entre los católicos son de hecho múltiples y se pueden identificar en varios niveles. Se relacionan sobre todo con las necesidades y las aspiraciones que aparentemente no se están resolviendo en las principales Iglesias. También se relacionan con las técnicas de reclutamiento y de entrenamiento de las sectas. Pueden ser razones externas, ya sea a las principales Iglesias o a los nuevos grupos: ventajas económicas, intereses o presiones políticas, simple curiosidad, etc.
Se puede hacer una valoración adecuada de estas razones sólo dentro del muy particular contexto en el que surgen. Sin embargo, los resultados de una evaluación general (y es precisamente lo que ofrece este informe) pueden revelar, como ocurre en este caso, toda una serie de razones "particulares" que de hecho resultan ser casi universales. La explicación podría estar en la creciente interdependencia en el mundo de hoy.
El fenómeno parece ser sintomático de las estructuras despersonalizantes de la sociedad contemporánea, mayormente producida en Occidente y ampliamente exportada al resto del mundo, las cuales crean múltiples situaciones de crisis en el individuo así como a nivel social. Estas situaciones de crisis ponen de manifiesto distintas necesidades, aspiraciones y cuestiones que, a su vez, exigen respuestas psicológicas y espirituales. Las sectas proclaman que tienen y que dan estas respuestas. Lo hacen tanto a nivel efectivo como a nivel cognitivo, respondiendo a menudo a las necesidades afectivas de tal forma que amortigüe las facultades cognitivas.
Estas necesidades y aspiraciones básicas se pueden describir como expresiones de la búsqueda humana de integridad y armonía, participación y realización, en todos los niveles de la existencia y experiencia humanas; como tantas tentativas de resolver la búsqueda humana de verdad, de sentido, de aquellos valores constitutivos que a veces, en la historia colectiva o individual, parecen haberse escondido, roto o perdido, especialmente en el caso de personas trastornadas por los cambios acelerados, las tensiones agudas, el miedo, etc.
6. Las respuestas al Cuestionario muestran que el fenómeno debe considerarse no tanto como una amenaza a la Iglesia (si bien muchos de los que han respondido consideran el proselitismo agresivo de algunas sectas como un problema importante), sino más bien como un desafío pastoral. Algunas respuestas insisten en que, preservando siempre nuestra propia integridad y honestidad, deberíamos tener presente que cada grupo religioso tiene el derecho de profesar su propia fe y de vivir según su propia conciencia. Insisten igualmente en que al estudiar determinados grupos tenemos el deber de proceder de acuerdo con los principios del diálogo religioso propuestos por el Concilio Vaticano II y otros documentos de la Iglesia. Así pues, es imprescindible recordar el respeto debido a cada individuo, y que nuestra actitud para con todos los creyentes sinceros debe ser de apertura y comprensión y no de condena.
Las respuestas al Cuestionario demuestran una gran necesidad de información, de educación de los creyentes, y de un enfoque pastoral renovado.
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