Capítulo III
DESAFÍOS Y ENFOQUES PASTORALES

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La crisis de las estructuras sociales tradicionales, de los modelos culturales y de los sistemas de valores tradicionales, causada por la industrialización, la urbanización, la migración, el rápido desarrollo de los sistemas de comunicación, los sistemas tecnocráticos puramente racionales, etc., han dejado a mucha gente confundida, desarraigada, insegura y, por lo tanto, vulnerable. En estas situaciones naturalmente se busca una solución, y a menudo cuanto más simple mejor. Existe también la tentación de aceptar la solución como la única respuesta definitiva.

Del análisis de las respuestas se pueden enumerar algunos síntomas de la patología de muchas sociedades actuales. Muchas personas sufren de ellos:

En resumen, se podría decir que todos estos síntomas representan muchas formas de alienación (de uno mismo, de los demás, de sus raíces, de su cultura, etc.). Se podría decir que las necesidades y aspiraciones expresadas en las respuestas al Cuestionario son distintas formas de búsqueda de "presencia" (ante sí mismo, los demás, Dios). Quienes se sienten perdidos desean ser encontrados. En otras palabras, existe un vacío que clama por ser llenado, que es de hecho el contexto en el cual se pueden entender no solamente las críticas hacia la Iglesia, que muchas respuestas contienen, sino ante todo los problemas pastorales y los enfoques propuestos. Las respuestas al Cuestionario puntualizan muchas deficiencias e insuficiencias en el actual comportamiento de la Iglesia, que pueden facilitar el éxito de las sectas. Sin embargo, sin insistir más en ellas, acentuaremos principalmente seis enfoques pastorales concretos, que han sido sugeridos o pedidos expresamente. Si se actuara según éstos, el desafío de las sectas podría demostrar haber sido un estímulo útil para una renovación espiritual y eclesial:

  1. Reconstruir el sentido de comunidad
  2. Formación y formación permanente
  3. Tener un enfoque personal y plenificador (holístico)
  4. Partir de la identidad cultural
  5. Renovar la oración y el culto
  6. Promover la participación y el liderazgo pastoral de los laicos

1. Reconstruir el sentido de comunidad

Casi todas las respuestas piden:

2. Formación y formación permanente

Las respuestas insisten particularmente en la necesidad de evangelización, catequesis, educación y educación permanente en la fe —bíblica, teológica, ecuménica— de los fieles a nivel de las comunidades locales, y del clero y de todos aquellos comprometidos en la formación. (Una respuesta pedía "cursos de reflexión" para los profesores, los líderes de la juventud, el clero y los religiosos). Este proceso continuo tendría que ser tanto informativo, con información sobre nuestra propia tradición católica (creencias, prácticas, espiritualidad, meditación, contemplación, etc.), sobre otras tradiciones y sobre los nuevos grupos religiosos, etc., como formativo, con orientación en la fe personal y comunitaria, con un sentido más profundo de lo trascendente, de lo escatológico, del compromiso religioso, del espíritu comunitario, etc.

La Iglesia no debería ser solamente un signo de esperanza para la gente, sino que tendría también que darle las razones de esa esperanza, tendría que ayudar a plantear los problemas así como a darles una respuesta. En este proceso debe existir un gran énfasis en la centralidad de la Sagrada Escritura. Se debería hacer un uso mayor y mejor de los medios de comunicación social.

3. Tener un enfoque personal y plenificador (holístico)

La gente debe ser ayudada a saberse única, amada por un Dios personal y con una historia personal, desde el nacimiento hasta la muerte y la resurrección. La "verdad antigua" tendría que convertirse continuamente en la "verdad nueva" a través de un sentido genuino de renovación, pero con criterios y un marco de pensamiento que no sean sacudidos por cada "novedad" que les salga al paso. Se debe prestar una atención especial a la dimensión experiencial, es decir, al descubrimiento personal de Cristo a través de la oración y la dedicación (por ejemplo, los movimientos carismático y de "nacidos de nuevo"). ¡Muchos cristianos viven como si jamás hubiesen "nacido de lo alto"! Se debe prestar especial atención al ministerio de sanación mediante oraciones, reconciliación, fraternidad y atención pastoral. Nuestro trabajo pastoral no debe ser unidimensional, sino que debe extenderse también a las dimensiones psicológica, social, cultural, económica y política.

4. Partir de la identidad cultural

La cuestión de la inculturación es fundamental. Se destaca particularmente en las respuestas de África, que revelan que las formas occidentales de culto y ministerio se sienten como extrañas, que son a menudo absolutamente irrelevantes al ambiente cultural y a la situación de vida de la gente. Una respuesta declara:

"Los africanos quieren ser cristianos. Les hemos dado alojamiento, pero no un hogar... Desean un cristianismo más simple, integrado en todos los aspectos de la vida diaria, en los sufrimientos, alegrías, trabajo, aspiraciones, miedos y necesidades del africano... Los jóvenes reconocen en las iglesias independientes una veta genuina de la tradición africana de hacer religiosas a las cosas".

5. Renovar la oración y el culto

Algunos sugieren una revisión de los esquemas litúrgicos "sábado a la noche/domingo a la mañana", que a menudo quedan fuera de la situación de la vida diaria. Se debe redescubrir la Palabra de Dios como un importante elemento para construir la comunidad. La "recepción" debe recibir tanta atención como la "conservación". Debe haber espacio para una gozosa creatividad, fe en la inspiración y la capacidad de "invención" de los cristianos, y un mayor sentido de celebración comunitaria. También aquí la inculturación es una exigencia (con el debido respeto por la naturaleza de la liturgia y por las demandas de la universalidad).

Muchas respuestas insisten en la dimensión bíblica de la predicación, en la necesidad de hablar el lenguaje de la gente; en la necesidad de una preparación cuidadosa de la enseñanza y de la liturgia (tanto como sea posible, hechas por un equipo que incluya la participación de los laicos). La predicación no es una simple teorización, intelectualización y moralización, sino que presupone el testimonio de vida del que anuncia. La predicación, el culto y la oración comunitaria no se deben confinar necesariamente a los lugares tradicionales de culto.

6. Promover la participación y el liderazgo pastoral de los laicos

La mayoría de las respuestas son conscientes de la creciente escasez de ministros ordenados y de religiosos y religiosas. Esto exige una promoción más fuerte del ministerio diversificado y una formación constante de líderes laicos. Quizá se deba prestar mayor atención al papel que pueden desempeñar los laicos en un enfoque pastoral hacia las sectas —o al menos con los que son atraídos por las sectas—, quienes, dentro de la Iglesia y en colaboración con sus pastores, ejercen un verdadero liderazgo, tanto espiritual como pastoral. Los sacerdotes no deben ser identificados principalmente como administradores, oficinistas o jueces, sino más bien como hermanos, guías, consejeros y hombres de oración. Demasiadas veces existe una distancia que necesita ser superada entre los fieles y el obispo, e incluso entre el obispo y sus sacerdotes. El ministerio del obispo y del sacerdote es un ministerio de unidad y comunión, que debe ser visible a los fieles.



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