AL EPISCOPADO, AL CLERO
Y A LOS FIELES DE TODA LA IGLESIA
SOBRE LA ALEGRÍA CRISTIANA
INTRODUCCIÓN |
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Venerables hermanos y amados hijos:
Salud y Bendición Apostólica
Alégrense siempre en el Señor, porque Él está cerca de cuantos lo invocan de veras [1].
En diversas ocasiones a lo largo de este Año Santo, hemos exhortado al Pueblo de Dios a corresponder con gozosa solicitud a la gracia del Jubileo. Nuestra invitación es esencialmente, como bien saben, una llamada a la renovación interior y a la reconciliación en Cristo. Se trata de la salvación de los hombres y de su felicidad en todo su pleno sentido. En el momento en que los cristianos se disponen a celebrar, en el mundo entero, la venida del Espíritu Santo, los invitamos a pedirle el don de la alegría.
Ciertamente el ministerio de la reconciliación se ejerce, incluso para mí mismo, en medio de frecuentes contradicciones y dificultades [2], pero está alimentado y va acompañado por la alegría del Espíritu Santo. De la misma manera podemos justamente apropiarnos, aplicándola a toda la Iglesia, la confidencia hecha por el Apóstol San Pablo a su comunidad de Corinto: «como ya les dije, ustedes están en mi corazón, unidos en la vida y en la muerte. Yo siempre les hablo con toda franqueza y tengo sobrados motivos para gloriarme de ustedes. Esto me llena de consuelo y me da una inmensa alegría en medio de todas las tribulaciones» [3]. Sí, constituye también para mí una exigencia de amor, invitarlos a participar en esta alegría sobreabundante que es un don del Espíritu Santo [4].
He sentido como una impelente necesidad interior dirigirles durante este Año de gracia, y más concretamente en ocasión de la solemnidad de Pentecostés, una exhortación apostólica cuyo tema fuera precisamente la alegría cristiana, la alegría en el Espíritu Santo. Es una especia de himno a la alegría divina el que querría entonar, para que encuentre eco en el mundo entero y ante todo en la Iglesia: que la alegría se difunda en los corazones juntamente con el amor del que ella brota, por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado [5]. Deseo asimismo que la voz de ustedes se una a la mía para consuelo espiritual de la Iglesia de Dios y de todos los hombres que quieran prestar atención en lo íntimo de sus corazones, a esta celebración.
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[1] Cf. Flp 4,4; Sal 145,18.
[2] Cf. Exhortación apostólica Paterna cum benevolentia, AAS 67 (1975), pp. 5-23.
[3] 2° Cor 7,3-4.
[4] Cf. Gál 5,22.
[5] Cf. Rom 5,5.
Este documento se ofrece instar manuscripti para su divulgación. Es una copia de trabajo para uso interno de El Movimiento de la Palabra de Dios, y ha sido depurada dentro de lo posible de errores de tipeo o traducción. Para facilitar su lectura latinoamericana las citas bíblicas se tomaron de El Libro del Pueblo de Dios.