CONCLUSIÓN:
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Los Padres del Concilio Vaticano II afirman con convicción: «Se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar» (Gaudium et spes, 31). Para los cristianos, ha llegado la hora de la esperanza. Esta virtud teologal es el hilo conductor de la exhortación apostólica del Papa Juan Pablo II Novo Millennio Ineunte, al final del gran Jubileo del año 2000, horizonte de fe de toda la Iglesia en esta época crucial de la Iglesia. Hoy como ayer, sólo Cristo es capaz de ofrecer razones para vivir y esperar. El enigma de la muerte, el misterio del sufrimiento, sobre todo el de los inocentes, siguen siendo un escándalo para muchos, hoy como siempre, en todas las culturas. El deseo de la vida eterna no se ha apagado en el corazón de los hombres. Sólo Jesucristo, que ha vencido la muerte y ha devuelto la vida a los hombres, puede ofrecer una respuesta decisiva al sufrimiento y a la muerte, sólo Él es el verdadero portador del agua de la vida que apaga la sed de los hombres. No hay otro camino que contemplar su rostro, experimentar la comunión de fe, de esperanza y de amor en la Iglesia y dar al mundo testimonio de la caridad y del primado de la gracia, de la oración y de la santidad. Frente a los nuevos desafíos de la increencia y de la indiferencia religiosa, de la secularización de los creyentes y de la nueva religiosidad del Yo, hay razones para seguir esperando, fundados en la Palabra de Dios: «Tu Palabra es lámpara para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119,105).
Los fenómenos simultáneos de vacío interior y de vagabundeo espiritual, de desafío institucional y de sensibilidad emocional de las culturas secularizadas de Occidente, exigen una renovación del fervor y autenticidad de vida cristiana, valor e iniciativa apostólica, rectitud de vida y de doctrina, para dar testimonio, en comunidades creyentes renovadas, de la belleza y la verdad, la grandeza y la fuerza incomparables del Evangelio de Cristo. Los gigantescos desafíos de la increencia, de la indiferencia religiosa y de la nueva religiosidad son otras tantas llamadas a evangelizar las nuevas culturas y el nuevo deseo religioso que renace en sus formas paganas y gnósticas al alba del tercer milenio. Es la tarea pastoral más urgente para toda la Iglesia en nuestro tiempo, en el corazón de todas las culturas.
Tras una noche de dura fatiga sin ningún resultado, Jesús invita a Pedro a remar mar adentro y a echar de nuevo la red. Aún cuando esta nueva fatiga parece inútil, Pedro confía en el Señor y responde sin dudar: «Si tú lo dices, echaré las redes» (Lc 5,4). La red se llena de peces, hasta el punto de romperse. Hoy, después de dos mil años de trabajo en la barca agitada de la historia, la Iglesia es invitada por Jesús a «remar mar adentro», lejos de la orilla y las seguridades humanas, y a tirar de nuevo la red. Es hora de responder de nuevo con Pedro: «Si tú lo dices, echaré las redes».
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Este documento se ofrece instar manuscripti para su divulgación. Es una copia de trabajo para uso interno de El Movimiento de la Palabra de Dios, y ha sido depurada dentro de lo posible de errores de tipeo o traducción. Para facilitar su lectura latinoamericana las citas bíblicas se tomaron de El Libro del Pueblo de Dios.