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Andrés y yo nos casamos en octubre de 1985 y desde entonces vivíamos en una casa que nos prestaba una de las hermanas de él, que estaba con su familia en Tucumán, por motivos laborales. En octubre de 1990 (ya teníamos tres chicos) recibimos una carta en la que mi cuñada nos explicaba que los patrones de su marido cerraban la fábrica y que por tal motivo volvían a Buenos Aires. ¡Necesitaban la casa que nosotros estabamos ocupando para los primeros días de diciembre! Nosotros sólo teníamos 500 dólares ahorrados y un terreno que, con ayuda de nuestros padres, habíamos comprado. En base a esto y con todas nuestras fuerzas humanas nos pusimos a buscar soluciones para nuestro problema. El grupo en el que yo oraba intercedía con insistencia. Después de analizar todo tipo de soluciones —viviendas prefabricadas, premoldeadas, préstamos para construcción, alquileres— decidimos que Andrés hablaría con su jefe y le pediría un adelanto de sueldo para comprar una casa. Cuando planteó el tema, un día jueves, inmediatamente le dijeron que no solían dar ese tipo de "adelantos"; que la empresa no andaba bien financieramente, que estaban suspendiendo personal, que no estaban pagando a proveedores… pero que lo iban a discutir en la reunión de directorio, el martes siguiente por la noche. Como la reunión de directorio y la oración de mi grupo se desarrollaban simultáneamente, aprovechamos para orar y pedirle a Jesús que recibiera en sus manos nuestra necesidad y que su amor tomara como instrumentos de la Providencia a los directores de la fábrica. |
El miércoles a las ocho de la mañana teníamos la respuesta: ya disponíamos de los dólares que posteriormente nos dieron la posibilidad de comprar una sencilla casita de tres ambientes con terreno para refaccionar. Con la venta de nuestro terreno devolveríamos la mitad del dinero y la otra mitad en 12 cuotas equivalentes al 50% del sueldo de Andrés en "australes" (este porcentaje no sufrió ninguna modificación a pesar de la duplicación del precio del dólar). El Señor nos sorprendió con otro regalo: a pesar de los pronósticos negativos del martillero, el terreno se vendió a la semana de estar a la venta en un valor de 1.500 dólares, superior a la tasación inicial. El año 1991 fue duro de pasar: las cuotas en algunos meses se hicieron pesadas pero cuando tocábamos fondo, el grupo de perfeccionamiento del Centro de Núñez nos apoyaba económica y concretamente a "pasar el invierno". Pero, en enero de 1992, terminamos de pagar el crédito. ¡Gloria a Dios! Nuestra casa es un testimonio fiel de que, para Dios no hay fronteras: Él se ocupa de nuestras necesidades en todo tiempo y lugar. Estemos todos atentos para recibir agradecidos la ayuda de Dios y para escuchar su voz que muchas veces necesita de nuestro corazón disponible para manifestar su Providencia en otros hermanos. |
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© El Movimiento de la Palabra de Dios, una comunidad pastoral y discipular católica. Este documento fue inicialmente publicado por su Editorial de la Palabra de Dios y puede reproducirse a condición de mencionar su procedencia.