Poner los medios

Nuestro corazón está desde ayer en alabanza al Señor porque ha hecho maravillas.

Al regresar de un retiro, frente a la propuesta de ir a animar durante el año un grupo en Avellaneda, le pedimos al Señor un signo: "¡si Vos querés que vayamos allá, manifestate dándonos un coche!" (vivimos en el barrio de Devoto). Claro que a Dios se le pide cualquier cosa, pero que hiciera una multiplicación de nuestros ingresos para comprarlo sería realmente un milagro, pues no contamos con ningún ahorro, y nuestro sueldo sólo nos alcanza para vivir.

A pesar de esta limitación real, desde un principio sentíamos la certeza de que el Señor nos quería en ese lugar, pero no sabríamos de dónde podría venir la Providencia.

Orando juntos sobre este tema sentimos que nos teníamos que mover para conseguir el auto: teníamos que poner los medios.

Pensamos en solicitar un crédito o pedir un préstamo a algún familiar, para luego ir reintegrándolo en cuotas que pudiéramos pagar si nos ajustábamos un poco.

El padre de María Marta nos lo ofreció pero no en forma inmediata, así que para comenzar el año nos tendríamos que conformar con ir en colectivo.

Ayer, sábado, nos encaminamos hacia Devoto, a la reunión del Centro en la cual se empezaría "oficialmente" la actividad de los grupos y de las comunidades. Había un espíritu muy particular, que se gestó desde los saludos fraternos iniciales hasta el final. ¡Realmente los retiros de febrero renovaron en la interioridad y en la fraternidad los corazones, y notamos que los hermanos quieren comenzar un año donde el Espíritu Santo haga y sople lo que quiera y donde quiera!

Nos encontrábamos en la reunión, cuando una hermana del grupo de edad intermedia de Devoto, muy entregada al servicio del Reino, Lidia, le comentó a un hermano que quería vender su auto, un Renault 12 modelo 1973. Él les dijo que nos lo ofreciera, que nosotros necesitábamos uno.

Cuando terminó la reunión Lidia se acercó a Fabián y le dijo que venía de varias agencias para tasarlo y venderlo, pero sólo se lo tomaban en consignación hasta efectuar la operación, vaya a saber cuándo. Además en la agencia lo querían camuflar y venderlo como más nuevo, cosa que le pareció poco evangélica; era mentir y no aceptó.

Ella oraba al Señor diciéndole: "Señor, el auto es tuyo, sabés lo que me cuesta desprenderme de él, hacé que lo pueda vender evangélicamente a alguien que lo necesite".

Por el valor total pedía 2.600 australes. Fabián se rió y le dijo: "Si tuviéramos la plata te lo comprábamos ya mismo, pero no podemos, aunque lo necesitamos"… y le contó la posibilidad de ir a Avellaneda. Conversaron un rato y Lidia ofreció un plan de financiación, así el coche era nuestro inmediatamente y además le permitiría a Lidia inscribirse en un plan de ahorro previo para un coche más chico, es decir, nosotros le pagaríamos las primeras veinte cuotas de ese plan.

Ambos estábamos emocionados y bendecíamos al Señor por esta nueva forma de administrar los bienes, buscando el beneficio mutuo desde el discernimiento de la voluntad de Dios en esta situación concreta. A Lidia le conviene venderlo a alguien del Movimiento por la certeza del pago de las cuotas y por la posibilidad de seguir usando el coche cuando lo necesite, y por el acceso a un 0 km en un futuro. A nosotros nos conviene porque está como nuevo, con el motor recién hecho, con sólo 18.000 km, nuevo por dentro y por fuera, y lo más grande, es que nos lo entrega hoy por la tarde.

¡Gloria a Jesús! No lo podemos creer, ir a una reunión de Centro y salir con un coche. No salimos de nuestro asombro. Descubríamos que cuando al Señor se le ora con fe y cuando se está disponible para su obra, Él se las ingenia para conseguir lo necesario.

En fin, después de todo esto nos decimos: "El Señor nos quiere en Avellaneda". ¿Tendremos que pedir otro signo?

Además, tanto Lidia como nosotros estamos felices de que todo esto ocurra dentro de la comunidad donde los bienes se comparten así, y se aprende a comprar y vender con proyectos que no ahoguen al ser humano como ocurre en el mundo. ¿Se imaginan, cuando los hermanos se puedan comprar la vivienda de este modo, y las cosas que necesiten para vivir? Bendito sea Dios que es capaz de hacer cosas como éstas.

Bendito sea Dios que atiende las necesidades de los que tratan de vivir la pobreza evangélica. Amén. Gloria. Amén. ¡Alabado sea el Cordero!

Jesús es la Esperanza que este mundo desconoce


María Marta y Fabián Ruocco
Cristo Vive Aleluia!
Nº 57, p. 22 (1987)

© El Movimiento de la Palabra de Dios, una comunidad pastoral y discipular católica. Este documento fue inicialmente publicado por su Editorial de la Palabra de Dios y puede reproducirse a condición de mencionar su procedencia.



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