«Me ha parecido bien publicar los signos y prodigios que ha realizado en mi favor
el Dios Altísimo: ¡Qué grandes son sus signos!
¡Qué poderosos sus prodigios!
¡Su reino es un reino eterno
y su dominio dura de generación en generación!»
(Daniel 3,99-100)








Una nueva criatura

Mi vida en el Señor comenzó en 4° año del colegio Janer, un mes antes del retiro de Pascua III. Realmente allí fue cuando me interesó comunicarme con Jesús como un Amigo, con Cristo, que vivía aunque yo nunca lo había experimentado. Sentí deseos de gustar del Amor del Padre derramado en mi Bautismo. Fue así como empecé a trabajar en el Señor, alabándolo personalmente y en comunidad. Mis días se tornaban diferentes y cada cosa que hacía era un regalo del Padre.

Pero claro, caía; sin embargo Jesús, con su inmenso amor y su ternura infinita, me levantaba.

En mis oraciones le pedía que me diera el Don del Amor, de la entrega a los hermanos, de la fidelidad hacia Él. Cada día me demostraba que me amaba más. Estos fueron meses de alabanza en medio de pruebas, desiertos y tentación, pero el Señor me afirmaba que me hacía crecer para contribuir a construir su Reino.

Cuando experimenté el amor de Jesús que se había hecho cargo de mi ser, y la fuerza de su Espíritu que no dependía de mí, era algo que iba más allá de mis límites humanos.

Era la Fuerza de lo alto que se derramaba en mi indigno ser, hasta que empecé a alabar a Jesús en una lengua que jamás había hablado u oído.

La entrega de Jesús por mí, su Sangre derramada, me comprometen cada día más a construir el sólo Cuerpo, para la gloria de su Nombre. Jesús ya es el Señor de todos mis días, de mi tiempo. Pasa su gracia por sobre mis ganas y me hace comprender que el Evangelio es la fuerza viva de su Iglesia y esperanza de los corazones desiertos del mundo.

El Espíritu Santo derramado me dio la Alegría de olvidarme de mí para entrega gratuita a mis hermanos, "sin mirar a quién". Hoy el Padre nos pide que optemos por el amor de la Cruz, por la entrega a la Iglesia que marcha infatigablemente hacia el Regreso del Señor. Nosotros, cristianos con su fuerza, vamos a ser instrumentos del Padre, en este mundo que tiene sed de su amor. Amén.

Toda la gloria al único Señor.

Jesús es la Esperanza que este mundo desconoce

Claudia Ábalos
Cristo Vive Aleluia!
Nº 5, p. 22 (1976)

© El Movimiento de la Palabra de Dios, una comunidad pastoral y discipular católica. Este documento fue inicialmente publicado por su Editorial de la Palabra de Dios y puede reproducirse a condición de mencionar su procedencia.