Tercera Parte
INDICACIONES PASTORALES

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Proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar (2ª Tim 4,2)

La nueva evangelización

43. El conocimiento del fenómeno de las sectas y nuevos movimientos religiosos no nos debe llevar a inútiles lamentaciones, sino que debe suscitar en cada fiel una mayor conciencia de la necesidad de la evangelización. Las sectas no van a dejar de trabajar; somos nosotros los que tenemos que ponernos a trabajar con un renovado entusiasmo apostólico.

44. Nuestra preocupación pastoral, por lo tanto, nos abre al futuro. El fenómeno de las sectas nos debe hacer sentir a todos con más urgencia el grito de san Pablo «¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1ª Cor 9,16). La labor de la nueva evangelización consiste en anunciar a Cristo con mayor fuerza y convicción. Evangelización que ha de ser «nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión» [11]. Teniendo en cuenta la situación de pluralismo religioso y cultural que se va imponiendo, es necesario anunciar de nuevo el Evangelio a todos aquellos que se han alejado de la fe católica o que sólo lo conocen de modo parcial o superficial.

45. Esta responsabilidad se hace más imperiosa cuando son amenazados los miembros más débiles de la Iglesia:

46. Es necesario rezar mucho para que el Señor envíe trabajadores a su mies, que es la Iglesia (cf. Mt 9,38). Que envíe sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, para que podamos contar con numerosos y calificados evangelizadores y poder atender a todas las comunidades sin abandonar ninguna. Por eso hay que impulsar la pastoral vocacional en todos los niveles.

47. La labor de la nueva evangelización no está reservada a los sacerdotes o personas consagradas. Se trata de un anuncio que debemos hacer todos y por todos los medios lícitos posibles. El papel de los laicos es fundamental y sumamente (...) de la confirmación que los constituye en soldados de Cristo.

48. Según las circunstancias, será oportuno contar con laicos dedicados a tiempo completo a la tarea de la evangelización de tal manera que no haya pueblo, colonia o sector de nuestra población que se quede sin la debida atención pastoral y catequética. Para ello será necesario resolver el problema económico, apelando a la generosidad de los fieles y creando estructuras apropiadas para hacer frente a esta necesidad.

49. Otro agente de pastoral cuya labor es fundamental para contrarrestar el problema de las sectas es el catequista. A él corresponde la tarea de evangelizar y de acompañar a cada fiel en el crecimiento y desarrollo de la vida cristiana [12]. La inserción del catequista en la comunidad ofrece una situación ideal para esta tarea, ya que posee un conocimiento directo y experiencial de las circunstancias concretas y puede ofrece respuestas atinadas a las necesidades de los fieles. Esta obra tantas veces silenciosa, perseverante y heroica de los catequistas protege y eventualmente libera del influjo de las sectas [13].

50. No olvidemos que los primeros catequistas y responsables de la fe de sus hijos son los padres de familia [14]. Su misión es insustituible, ya que son ellos los que enseñan a sus hijos a rezar, los introducen al misterio de Dios y en la experiencia viva de Él y los ayudan a integrarse en la Iglesia [15].

51. No está de más recordar que el testimonio cristiano es la mejor forma de evangelizar. La coherencia entre nuestra fe y nuestra vida es signo de una auténtica vida cristiana. La mejor ayuda que podremos ofrecer a los débiles en la fe y a los que han dejado a Cristo o la Iglesia por otro estilo de vida es el testimonio de una vida cristiana totalmente adherida, por la fe y el amor, a la persona de Cristo y a su obra que es la Iglesia.

Nuevos métodos pastorales

52. La presencia de las sectas no es un fenómeno del momento, sino que cada día formará más parte del horizonte religioso de nuestro pueblo. Por ello es necesario que los agentes de la evangelización se capaciten en esta área. Deben conocer las sectas —historia, doctrinas, prácticas, métodos de proselitismo, tipo de personas que se adhiere a ellas— y especialmente deben conocer las cuestiones que éstas suelen utilizar para atacar a la fe y a la Iglesia. Este conocimiento no es un fin en sí mismo, sino un medio que ayude al discernimiento y a la creación de nuevos métodos pastorales [16]. Será conveniente que en nuestras diócesis contemos con algunas personas especializadas en este tema. El fruto de sus estudios e investigaciones será de gran utilidad para los planes y para los agentes de pastoral.

53. Hay que lograr que nuestros métodos pastorales estén a la altura del desafío de las sectas. La imponente organización de algunas de sus campañas no han de infundirnos temor, sino más bien lanzarnos a una pastoral que no deje espacio a la imprevisión y que abandone los métodos antiguos e ineficaces. Hay que abrir «nuevos caminos».

54. Los medios de comunicación social son uno de estos caminos que debemos abrir con más decisión para ponerlo al servicio del Evangelio. «Ellos ofrecen la posibilidad de extender casi sin límites el campo de audición de la Palabra de Dios, haciendo llegar la Buena Nueva a millones de personas. La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más. Con ellos la Iglesia pregona sobre los tejados el mensaje del que es depositaria. En ellos encuentra una versión moderna y eficaz del púlpito. Gracias a ellos puede hablar a las masas» [17].

Por eso el uso de folletos, artículos de revistas, periódicos diocesano o parroquiales, programas de radio y televisión, nos permite llegar a todos los católicos para dar orientaciones y respuestas pertinentes.

55. Al mismo tiempo hay que buscar una renovación de la apologética para enseñar a los fieles a defender su fe y saber dar «razón de la esperanza que tienen» (1ª Pe 3,15). Los fieles deberán aprender a justificar los puntos de la doctrina católica que están más discutidos por las sectas, como son:

56. La religiosidad popular ofrece valiosas expresiones de fe. La piedad popular tiene necesidad de expresarse de modo cálido y afectivo de acuerdo con la cultura de cada lugar, y por eso hay que promover una auténtica piedad popular que satisfaga la gran hambre de Dios y de espiritualidad de nuestro pueblo.

57. Al mismo tiempo hay que evitar que esta forma de religiosidad caiga en manifestaciones supersticiosas o mágicas que ofuscan la auténtica fe en Cristo. La religiosidad popular también tiene «necesidad de ser continuamente evangelizada, para que la fe que expresa, llegue a ser un acto siempre más maduro y auténtico» [18].  No debemos olvidar que muchas personas que se pasan a las sectas provienen de ambientes donde la religiosidad popular está más arraigada, ya que cuando esta religiosidad no está bien orientada, fácilmente es utilizada por las sectas para presentar la imagen de un catolicismo supersticioso.

58. Una pastoral adecuada contra las sectas también nos debe llevar a revisar nuestra vida parroquial. Las parroquias tienen que llegar a ser verdaderamente fraternas, lugares capaces de construir comunidades de fe, amor, calor, aceptación, entendimiento, reconciliación y ayuda [19]. Recordemos que la parroquia «no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio; ella es la familia de Dios,...; el lugar de la comunión de los creyentes y, a la vez, signo e instrumento de la común vocación a la comunión; en una palabra debe ser la casa abierta a todos y al servicio de todos, o, como prefería llamarla el Papa Juan XXIII, la fuente de la aldea, a la que todos acuden para calmar su sed» [20].

59. La modificación de la pastoral parroquial exigirá extender el radio de acción especialmente a los ambientes más humildes y alejados, mediante la cooperación entre diversas parroquias, la multiplicación de capillas, centros de catequesis, lugares de oración, el envío de misioneros parroquiales y las misiones populares. Al mismo tiempo hay que generar iniciativas que busquen animar y revitalizar la vida cristiana en nuestras comunidades. Por ejemplo, las fiestas tradicionales en honor de la Eucaristía, de la Virgen María, de los santos, deben ser ocasiones para evangelizar a la comunidad. La misma homilía dominical podría en algunas ocasiones servir para aclarar diversos puntos relacionados con el proselitismo sectario.

60. Los diversos grupos parroquiales, las comunidades de base, los movimientos de apostolado y las asociaciones católicas ofrecen también una defensa a la acometida de las sectas, cuando:

Una pastoral de prevención

61. No nos debe resultar indiferente cuando alguno de nuestros hermanos se va a una secta. Antes o después hay que intervenir. Sin duda alguna es preferible una pastoral de prevención —buscar que no se adhieran jamás a una secta— que una pastoral curativa. Conviene subrayar algunos elementos de esta pastoral preventiva.

62. Es necesario promover un mayor conocimiento de la sagrada Escritura, que sea capaz de alimentar la espiritualidad auténtica y la oración personal. En nuestras comunidades hay un gran anhelo de tener un mayor conocimiento de la Biblia. Desgraciadamente son las sectas que practican el fundamentalismo bíblico las que no pocas veces vienen a apagar esta sed.  Tenemos que aprovechar el renovado interés por la lectura de la Biblia para renovar la vida cristiana.

63. Es conveniente pedir a los fieles que no usen las biblias que les ofrecen las sectas. Muchas veces contienen manipulaciones omisiones y explicaciones erróneas del texto sagrado. Les invito a recordar que la Biblia no debe ser interpretada por cada uno a su manera. La Biblia es un don del Señor a su Iglesia y es ésta, la Iglesia, quien a través de la Tradición y de los obispos nos dan el modo correcto de interpretar la Sagrada Escritura.

64. Otro punto que es oportuno revitalizar es la oración personal, comunitaria y litúrgica, como alimento constante de la vida.  La oración personal, que es un encuentro con Dios en la fe, ayudará a cada uno a profundizar en el misterio de Cristo y de su Iglesia. Esta oración debe incluir la petición de «no caer en la tentación» (Mt 26,41), y la súplica al Señor para que todos nosotros perseveremos en la fe católica que hemos recibido de nuestros padres.

65. Nuestras celebraciones litúrgicas deben ser vivas y permitir la participación de todos. Deben ser una auténtica experiencia de la presencia de Dios entre nosotros. Son momentos privilegiados sea para educarnos en la fe, como para profesarla públicamente.

66. La devoción a la santísima Virgen María, tan arraigada en nuestro pueblo, es una defensa formidable para salvaguardar la fe. Es bien sabido que las sectas de origen protestante y cristiano critican el especial amor y veneración que tenemos a nuestra Madre del Cielo porque, según ellos, le damos un lugar que correspondería a Dios. Sabemos que esto no es así. Para los católicos, María es lo que la Biblia dice de ella: la «llena de gracia» que dio a luz al mismo Hijo de Dios (Lc 1,28-32); la «llena del Espíritu Santo» y la «bendita entre las mujeres» (Lc 1,42). Ella es la creatura más excelsa surgida del poder redentor de Cristo y por ello modelo de lo que debe ser todo cristiano. Así como ella intercedió ante su hijo Jesús en la boda de Caná (Jn 2,3-5) le pedimos que interceda por nosotros, nos ayude y nos proteja.

67. Desde el inicio de la obra de la evangelización, Ella quiso hacerse presente en el Tepeyac. El pueblo mexicano, por medio de María de Guadalupe, «la Madre del Dios por quien se vive» [21], descubrió el rostro del Dios verdadero y se ha mantenido siempre fiel al Evangelio. No dejemos de dirigirnos a Ella para implorar su ayuda, ante las amenazas que las sectas representan para la fe de nuestro pueblo. Recordemos que Ella nos ha dicho: «¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?».

68. Las sectas suelen dar gran importancia a la sanación.  Varias sectas de origen protestante ponen la oración de  sanación al centro de sus asambleas. Algunas recurren al exorcismo porque consideran que todos los males se deben al influjo del demonio. En razón de esto las personas enfermas son particularmente vulnerables al proselitismo de las sectas. Los enfermos, por lo tanto, deben ser objeto de un especial cuidado.

69. La verdadera oración de sanación se realiza en la Iglesia (y por lo tanto bajo el control de ella) y se dirige al Padre por medio de Cristo. El poder de sanación es de Dios y no de los hombres, ni de la asamblea. La celebración del sacramento de la unción de los enfermos debe ser un punto importante de esta pastoral.

70. Dentro de la pastoral de  prevención es importante informar con claridad a los católicos sobre el grave peligro de las sectas. El abandono de la fe para pasarse a una secta es un pecado llamado «apostasía», que objetivamente considerado, es gravísimo y compromete la salvación eterna. No me refiero, por supuesto, al caso de quienes dan este paso por ignorancia o engaño o en otras circunstancias atenuantes.

¿Cómo comportarse frente a la propaganda de las sectas?

71. Uno de los métodos más seguidos por las sectas son las visitas a las casas o encuentros casuales por la calle, para los cuales el sectario ha sido debidamente preparado. El inicio siempre es cordial y enfocado a algún tema relacionado con la Palabra de Dios o con algún problema contemporáneo. En seguida, a continuación se pondrán de relieve las divergencias entre sus doctrinas y el credo católico.  Muchas veces este último será acusado de haber desvirtuado la verdadera doctrina cristiana. Todo esto se lleva a cabo en base a la repetición incansable de slogans y citas bíblicas bien aprendidas de memoria. Las más de las veces no hay diálogo, sino un monólogo insistente y cerrado. La persona que no está bien preparada en su fe fácilmente es desorientada y a veces termina por aceptar la invitación de asistir a alguna de sus reuniones o cultos. Así se ha dado el primer paso para pasarse a una secta.

72. Es recomendable no dar pie a estas discusiones, sino con caridad y firmeza evitar entrar en ellas. Así se evitará un peligro para la fe. Vale la pena recordar las palabras del apóstol Juan: «Todo el que se aventura más allá de la doctrina de Cristo y no permanece en ella, no está unido a Dios. En cambio, el que permanece en su doctrina está unido al Padre, y también al Hijo. Si alguien se presenta ante ustedes y no trae esta misma doctrina, no lo reciban en su casa ni lo saluden, porque el que lo saluda se hace cómplice de sus malas obras» (2ª Jn 9-11).

73. La Iglesia no está cerrada al diálogo. Pero éste, sin embargo, necesita un especial discernimiento y solamente deben prestarse a Él las personas que tengan una buena preparación de su fe y un conocimiento suficiente de las eventuales manipulaciones o engaños que le pueden ser presentados. «El diálogo está en el corazón mismo de la colaboración ecuménica y la acompaña en todas sus formas. Sin embargo, los católicos que participen en estos diálogos sentirán la necesidad de conocer bien su fe y tenerla bien arraigada en su vida y cuidarán de permanecer en comunión de pensamiento y voluntad con la Iglesia» (Directorio Ecumenismo, 172-174).

¿Cómo comportarse frente a los miembros de las sectas?

74. Los miembros de las diversas sectas y los católicos que han abandonado la verdadera fe en Jesús deben ser tratados con gran caridad y comprensión. Nuestras armas son la verdad y la caridad.  Los miembros de las sectas no son nuestros enemigos, sino personas que ahora se encuentran en el error y que la Iglesia quiere llevar a la verdad completa de Cristo. La agresividad no ayuda a nadie a encontrar la verdad y muchas veces obtiene efectos contraproducentes.

75. Sabemos que regresar a la Iglesia no es un camino fácil.  Tenemos que ayudar a nuestros hermanos a recorrer este camino. Como dice el apóstol Santiago: «Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un pecador de su mal camino salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de numerosos pecados» (Stg 5,19-20). Es necesario también que toda la comunidad ore al Señor para que ilumine los corazones y las mentes de nuestros hermanos que se han alejado.

76. Es grande el sufrimiento de las familias cuando uno de sus miembros abandona la fe para entrar en una secta. Muchas veces esto lleva a divisiones en el seno de la familia, creando situaciones dolorosas que terminan en la ruptura. Procuren las familias que se encuentran en esta situación tanto proteger la fe de los demás miembros de la familia evitando las discusiones y polémicas, cuanto no demoler las líneas de comunicación entre uno y otro miembro. En la mayoría de los casos la permanencia en la secta suele durar sólo algunos años. Es necesario que estas personas sientan que la puerta está siempre abierta para volver a casa.

77. Desarrollemos también una pastoral para acoger a los ex-miembros de las sectas que regresan a la Iglesia. Hay que recordar que no siempre las personas que dejan las sectas vuelven al seno de la Iglesia. Muchas veces este paso está impedido por una serie de prejuicios y desconfianzas asumidos durante su militancia en la secta. Será necesario acompañar al ex-miembro con mucha caridad, paciencia y perseverancia durante un período prudencial hasta lograr su completa inserción en la comunidad cristiana.

A los que han abandonado la fe

78. Terminamos esta reflexión dirigiéndonos de modo particular a nuestros hermanos y hermanas que han abandonado la fe de la Iglesia Católica. No pretendemos juzgar sus intenciones, pero sí queremos invitarlos a revisar las razones por las que nos dejaron. Quizás descubrirán que en el origen de tal decisión había un malentendido, el desconocimiento de la verdadera fe y costumbres de la Iglesia Católica, la confusión producida por algunos proselitistas. ¿No se habrá tratado de una decisión precipitada? ¿Se justifica un paso tan grave? Les invitamos a contemplar la riqueza de la fe de la Iglesia Católica que se remonta, por medio de una tradición ininterrumpida, hasta nuestro Señor Jesucristo.

79. Sepan que los esperamos con los brazos abiertos y que rezamos continuamente por ustedes. Con las mismas palabras del Santo Padre Juan Pablo II les decimos a todos: «Regresen al seno de la Iglesia, su Madre!… ¡Vuelvan, pues, sin miedo!» [22].

80.

Oh Padre, te pedimos humildemente por todos nuestros hermanos
y hermanas que se han alejado de la Iglesia Católica.
 Envía el Espíritu Santo sobre ellos para iluminarlos.
 Oh Jesús, haz que regresen al seno de la Iglesia.
 ¡Que regresen para reencontrar a su Madre,
la Santísima Virgen de Guadalupe!
¡Que vuelvan a estar unidos a la vid verdadera!
Amén
.

† Mons. José Guadalupe Martín Rábago
Obispo de León
Presidente de la Comisión Doctrinal de la CEM
Pbro. Mario Angel Flores Ramos
y R.P. Ignacio Díaz de León, M.Sp.S.

Secretarios Ejecutivos


NOTAS

[11] Cf. Juan Pablo II, Alocución al CELAM del 9 de marzo de 1983, III, en L'Osservatore Romano (ed. española), 20 de marzo de 1983, p. 24.

[12] Cf. Comisión Episcopal de Evangelización y Catequesis, Guía Pastoral para la catequesis de México, (enero de 1992), 69.

[13] Cf. Congregación para la Evangelización de los pueblos, Guía para los Catequistas, 16.

[14] Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi Tradendae, 68.

[15] Cf. Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 60.

[16] Consistorio Extraordinario, Comunicado final, parte II, en L'Osservatore Romano (ed. española), 12-4-1991, p. 16.

[17] Evangelii Nuntiandi, 45.

[18] Juan Pablo II, Carta Apostólica Vicesimus quintus annus, 18.

[19] Cf. Sectas o nuevos movimientos religiosos: un desafío pastoral, III,1.

[20] Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles Laici, 26-27.

[21] Nican Mopohua, v. 33.

[22] Juan Pablo II, Homilía en Villa Hermosa, Tab. 11-5-1990, n. 8, en L'Osservatore Romano (ed. española), 20-5-1990, p. 14.

Este documento se ofrece instar manuscripti para su divulgación. Es una copia de trabajo para uso interno de El Movimiento de la Palabra de Dios, y ha sido depurada dentro de lo posible de errores de tipeo. Para facilitar su lectura latinoamericana las citas bíblicas se tomaron de El Libro del Pueblo de Dios.